El concierto que inaugura la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León combinó momentos estupendos con otros decepcionantes, estos últimos debidos a algunos conceptos del director, que no fueron muy coherentes o que sacrificaban demasiado, o bien a cierta falta de empaste de la orquesta, cuya puesta a punto no parece haber culminado aún.
Vaya por delante que la presencia de Thierry Fischer siempre es garantía de que habrá buen sonido, equilibrado, transparente, y que la forma de concebir las obras nunca queda en la indefinición: por ejemplo, para mí la versión del comienzo de La Creación rozó lo inadmisible, dado su estilo karajaniano y ultrarromántico: cerca del final pensé que estaba escuchando un Tristán e Isolda demasiado lento, y curiosamente ese estilo privaba a la música de gran parte de la archicomentada modernidad.…
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