El concierto de abono n.º 3 de la
OSCyL, cuya conexión temática pareció residir en el mundo del folclorismo (muy
en general), se saldó con un resultado mayoritariamente anodino, solo roto por
el estimulante estreno de Anna Clyne Glasslands, que probablemente llegó
a gustar más al público que los mediocres resultados de las obras de Dvořák.
Pese al debe de la parca
información que se da en el programa de mano sobre esta obra (ni una mención a
que el instrumento solista es un saxofón soprano, ni la más ligera explicación
de en qué se inspira cada uno de sus tres movimientos, que tienen carácter muy
acusado), la obra fue un éxito, seguramente porque mezcla toda suerte de
estilos populares (folclore tradicional irlandés, new age, jazz, pop…)
con especial pericia. Sus tres movimientos pasan de lo descriptivo
(onomatopeyas incluidas) a lo…
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