España - Cataluña

Reflexiones sobre un (otro) Winterreise

Silvia Pujalte
lunes, 27 de noviembre de 2023
Simon Keenlyside © A. Bofill, 2018 Simon Keenlyside © A. Bofill, 2018
Barcelona, sábado, 18 de noviembre de 2023. Auditori Axa. Simon Keenlyside, barítono; Roger Vignoles, piano. 'Winterreise' de Franz Schubert. LIFE Victoria Barcelona
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¿Otro Winterreise? La pregunta flota en el ambiente del pequeño mundo liederístico catalán desde hace un tiempo, acompañada de otra pregunta: ¿Es necesario? Es cierto que últimamente se programa a menudo el ciclo de Schubert; hace dos años llegó a interpretarse el mismo día en tres (¡tres!) importantes escenarios de Barcelona. Es cierto también que la repetición podría llegar a convertir la obra en algo rutinario o, Mozart no lo quiera, en algo banal. Pero también se interpretan regularmente La Pasión según San Mateo o El Mesías (al menos, Winterreise no es estacional) y el público lo agradece acudiendo. Al fin y al cabo, hablamos de obras maestras y, como tales, si los intérpretes están a la altura, cada audición nos la redescubre. O eso esperamos cuando salimos de casa camino de la sala de conciertos.

Ese era el caso del Winterreise objeto de esta reseña: intérpretes a la altura. Lo cantaría el barítono Simon Keenlyside, consumado liederista y uno de los mejores intérpretes de Schubert que he escuchado. Hará cosa de diez años le escuché en este ciclo y, si las circunstancias permitían una segunda vez, desde luego haría lo posible por no perdérmelo. Al piano estaría el pianista acompañante más veterano del entorno británico, Roger Vignoles. O quizá debería de decir pianista colaborativo, porque él así lo prefiere. Independientemente del adjetivo, un pianista sensible e inteligente.

Así que me dirigí feliz al Auditori AXA dispuesta a que Keenlyside y Vignoles me hicieran sufrir. Los aficionados al lied somos así: vamos a escuchar Winterreise esperando salir del auditorio como si nos hubiera pasado por encima una apisonadora. Cualquier otra cosa sería una pequeña decepción. La cuestión es que me dirigí feliz al Auditori AXA, pero como aficionada, sin tener ni idea de que acabaría escribiendo esta crítica. Pero las cosas van como van. El crítico titular no pudo finalmente asistir al concierto y me pidió que escribiera en su lugar, y al crítico titular no puedo negarle el favor. Y aquí me tienen, escribiendo una crítica por primera vez en años. Cuando acabe, volveré a mi cómoda posición de aficionada.

Keenlyside y Vignoles interpretan 'Winterreise' de Franz Schubert en el LIFE Victoria de Barcelona. © 2023 by Elisenda Canals.Keenlyside y Vignoles interpretan 'Winterreise' de Franz Schubert en el LIFE Victoria de Barcelona. © 2023 by Elisenda Canals.

¿Se escucha igual una obra cuando se va a reseñar? No. O, al menos, yo no. Cuando hacía crítica iba tomando durante el recital notas mentales para compartirlas después con los lectores y transmitirles mis sensaciones, y en este caso no tomé ninguna. Pero como sí que escuché atentamente, algo podremos hacer. Por si fracaso en el intento, déjenme que les diga ya que fue un magnífico Winterreise y que la apisonadora cumplió su función.

Seguramente lo primero sería hablar del estado vocal de Simon Keenlyside, porque todos cumplimos años, y él ha cumplido sesenta y cuatro. Se puede resumir en una palabra: admirable. Vino a Barcelona entre funciones de Rigoletto en el Covent Garden y no se apreció el menor signo de fatiga ni de desgaste. Si algo me sorprendió fueron unos graves que no recordaba tan contundentes (en “Gefrorne Tränen”, por ejemplo); por lo demás, la flexibilidad y la capacidad de colorear marca de la casa seguían allí, como siempre, como seguía la expresividad, porque eso no tiene que ver con los años. Ya que hablamos de edades, el gran Roger Vignoles tiene setenta y ocho años, así que los artistas sobre el escenario sumaban ciento cuarenta y dos, algo no muy frecuente en un recital de lied. 

Y me gusta mucho escuchar a músicos jóvenes, descubrir con ellos nuevas maneras de hacer música, pero me gusta incluso más escuchar a músicos veteranos, disfrutar de su experiencia. No es que tengan las obras interiorizadas; en un mundo ideal, ningún dúo de ninguna edad subiría a un escenario a interpretar Winterreise sin tenerlo interiorizado. Es algo más que eso: es un poso, una naturalidad, una facilidad, una cercanía. Es la capacidad de compartir la sabiduría acumulada a lo largo de las décadas. Quizá esto solo sea una impresión; quizá Keenlyside y Vignoles levantarían una ceja perplejos si llegaran a leer estas líneas, pero es mi impresión y es lo que tengo que transmitir a los lectores, qué se le va a hacer.

Escuchamos una historia tantas veces contada, pero fue su historia. La rabia de “Gute Nacht”, que no ocultaba la fragilidad del enamorado ni la pena de la despedida; la ansiedad de “Erstarrung”. La nostalgia al inicio de “Der Lindenbaum” y la imagen amenazadora del final. La tristeza de “Rast”, y esa manera de decir “wurm”, de sentir ese gusano que roe infatigable el corazón del caminante. Contrastando con la música luminosa de “Frühlingstraum”, el dolor de la añoranza. A partir de ahí, quizá la certeza de que el pasado nunca volverá y el convencimiento paulatino de que no hay futuro. La sinceridad de “Im Dorfe” (“Ich bin zu Ende mit allen Träumen”, “Ya no me quedan sueños”). Un estremecedor “Der Wegweiser”; la angustia de esas palabras, “ohne Ruh', und suche Ruh'" (“sin reposo, y busco reposo”) dejaban sin aliento.

¿Cómo llegó nuestro caminante a “Der Leiermann”? Con una lucidez que cortó cualquier hilo de esperanza que nos pudiera quedar. La manera de decir de Keenlyside atrapa; describió de tal manera al músico ambulante que le vimos; al menos, esta cronista lo vio. Sus pies descalzos, su miseria, los gruñidos de los perros, su estar ajeno a todo. Y viendo esta imagen, la última pregunta del caminante fue como un bofetón.

Lo que les decía: a los aficionados del lied nos gusta que nos hagan sufrir. Y vaya si sufrimos. 

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