Programa atractivo el que
presentaba hoy la Real Filharmonía con su nuevo director titular Baldur
Brönnimann: una pieza que, de tan obvia, apenas se toca; el estreno de la
última obra de un joven compositor gallego; y una sinfonía de la mitad del
siglo XIX que nadie de quienes asistíamos a la función había escuchado antes en
vivo. Por otro lado, segundo concierto de Brönnimann esta temporada de abono, y
segunda experiencia más que satisfactoria desde todos los puntos de vista y de
oído.
He visitado Tribschen unas
cuantas veces, y casi siempre me he encontrado solo paseando por sus
habitaciones mientras sonaba de fondo el Idilio
de Sigfrido. La impresión allí es normalmente grata, porque se añaden las
vistas espectaculares del Lago de los Cuatro Cantones. En concierto puro y duro
es más difícil que cause esa misma impresión: la pieza es…
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