Entretenido concierto el que propuso el director Pablo Rus Broseta para el programa de abono n.º 5 (aunque el programa en sí mismo no me gustara un pelo, como explicaré más abajo), en el que destacó, como era de esperar, la violinista noruega Vilde Frang en el n.º 2 de Bartók, una interpretación que constó de ingredientes muy meditados y que se benefició de ese discurso tan musicalmente rico con que Frang dota a todas sus intervenciones.
Su concepto, como suele ocurrir en ella, no fue estilísticamente arriesgado, y la interpretación tampoco fue técnicamente perfecta; sin embargo se vio arrojo cuando era necesario y un compromiso total con la obra, que aún puede exprimir un poco más. En cualquier caso, el efecto hipnótico que produce el concierto cuando se interpreta con esta riqueza de fraseo es evidente, y me sigue resultando curioso…
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