Un concierto de año nuevo con valses,
polkas y otros bomboncillos musicales. A precios muy accesibles. Y el público
ha respondido llenando la sala.
Hay de todo, desde melómanos de pro (que con
la música en vivo intentan sacudirse los yinguelbels y otros estribillos
navideños que enlatados se escuchan por doquier), hasta la pareja de jubilados
(que no suelen tener ocasión de asistir a un concierto de música clásica a
pesar de que les gusta eso), pasando por la pareja de amigas (que han
decidido vestirse bien y salir de concierto como quien asiste a una
fiesta) o por la familia entera, de los nietos a los abuelos (empecinados estos
en que la música clásica termine por gustarle a los niños...). Público
variopinto pero decidido a disfrutar, que para eso han venido.
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