El concierto de abono n.º 11 fue de esos en los que, por motivos diversos, se produce una sintonía brutal entre director, público y orquesta, y todo el mundo se implica incluso en lo que no se oye. La clave del éxito, evidentemente, está en el derroche de conocimiento y energía del director, pero también en un programa que curiosamente se justificó de forma terrible en el libro de temporada: lugares relacionados con la trayectoria de González-Monjas (supongo que profesional —sin suecos ni suizos ni colombianos—, porque si es formativa quizá se podría añadir a Luis de los Cobos, Tomas Bretón y otros cuantos).
Evidentemente esta particular excusa solo puede ser ligeramente útil en el ámbito interpretativo: se nota que el director hizo mucho Respighi con Pappano cuando era concertino de Santa Cecilia, por ejemplo; o en su manera de afrontar…
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