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Teatro Real

Pierrot y Narciso, dos facetas del payaso triste

Xoán M. Carreira
miércoles, 28 de febrero de 2024
Pierrot Lunaire  © 2024 by Teatro Real / Teatro de la Abadía Pierrot Lunaire © 2024 by Teatro Real / Teatro de la Abadía
Madrid, sábado, 24 de febrero de 2024. Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía. Pierrot Lunaire, música de Arnold Schoenberg sobre poemas de Albert Giraud, con pasajes añadidos de 'La metamorfosis' de Ovidio. Xavier Sabata, concepto y dirección de escena. Cube.bz, escenografía e iluminación. María Cabeza de Vaca, diseño de movimiento. Producción de Teatro de la Abadía y Teatro Real (sobre la producción original del Gran Teatre del Liceu). Xavier Sabata, contratenor. Pilar Constancio (flauta y piccolo), Ildefonso Moreno (clarinete y clarinete bajo), Sonia Klikiewicz (violín y viola), Natalia Margulis (violonchelo), y Karina Azizova (piano). Jordi Francés, dirección musical.
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Pierrot lunaire (1912) fue el mayor éxito de la carrera de Arnold Schoenberg. En plena efervescencia del revival de la commedia dell'Arte y del mito del payaso triste -cuya encarnación universal fue Charlot-, Schoenberg concibió estas piezas para actor-cantante y orquestina de cabaret, que fueron recibidas con admiración por compositores occidentales de todo tipo de estilos. 

Desde nuestra perspectiva actual, Pierrot lunaire es una serie de veintiuna piezas de microteatro musical organizadas en tres grupos, siguiendo una estructura habitual en la época, donde los conciertos y espectáculos de variedades solían constar de tres partes (y no dos como suele ser ahora). 

Que Schoenberg hubiese escrito Pierrot lunaire para una actriz que cantaba (Albertine Zehme, 1857-1946) es un mero accidente. Lo relevante es que la persona que lo interprete tiene que saber actuar y cantar. Si es un varón, le será muy útil saber usar el registro de cabeza, como es el caso de Xavier Sabata, un performer espléndido, quien además de un actor consumado es un competente cantante que ha desarrollado una notable carrera como contratenor y en esta ocasión ha asumido la dirección escénica de este Pierrot lunaire, una fábula en la cual Sábata intenta unificar los mitos de Narciso y de Pierrot

"Si se non noverit [Si no se llega a conocer]. Estas son las palabras que Tiresias responde a Liríope cuando va a consultar al vidente para saber si su hijo Narciso vivirá muchos años. El mito de Narciso ha sido siempre interpretado a partir de las teorías freudianas, o sea, desde el síndrome narcisista; pero ¿qué pasaría si las palabras de Tiresias fueran interpretadas de modo diferente? 
Pieerot es eminentemente estático, se deja contemplar, pero no interactúa. [...] Schönberg nos ofrece la posibilidad de escuchar sus sentimientos, de vivir su tragedia, ¿y qué mejor manera que con la técnica compositiva Sprechgesang?
Narciso y Pierrot dialogan en este espectáculo: el uno consumiéndose para conocerse y, por qué no, aceptarse; y el otro aislándose, contruyéndose un avatar para esconder el sufrimiento que conlleva no sentirse nunca en casa. Empatizo con los dos"

Xavier Sabata como Narciso. © 2024 by Javier del Real.Xavier Sabata como Narciso. © 2024 by Javier del Real.

A partir de esta propuesta, Sabata ha concebido un espectáculo poderoso en el que interpreta a Narciso recitando pasajes de las Metamorfosis de Ovidio y a Pierrot siguiendo con flexibilidad la partitura de Schoenberg. Vistiendo una sencilla túnica blanca, el concepto escénico de Sabata evoca el ambiente de los cabarets de los años previos a la 1ª Guerra Mundial, apoyado en la eficiente iluminación de Cube.bz y una gestualidad muy marcada, inspirada en el histrionismo de Sarah Bernhardt y el cine de arte de la época

Xavier Sabata como Pierrot. © 2024 by Javier del Real.Xavier Sabata como Pierrot. © 2024 by Javier del Real.

Esta excelencia actoral corre pareja a una afortunada interpretación vocal en la cual Sabata combina una panoplia de facetas del recitado con el uso de los registros graves y de cabeza (un registro muy popular y valorado en las variedades de la época). Si bien al leer previamente la propuesta de Sabata me pareció una ocurrencia, salí de la representación seducido por su enorme talento dramático. 

Talento que obviamente sedujo también al quinteto instrumental, cuatro solistas de la Orquesta del Teatro Real y la pianista Karina Azizova, que, atentos a las indicaciones de la flautista Pilar Constancio y de la pianista, se concertaron con Sabata y se esforzaron en acompañar afectiva y musicalmente al solista. 

Si quedase la menor duda de que la música de Pierrot lunaire no precisa ser dirigida, esta fue una ocasión de demostrarlo: Jordi Francés podía haberse limitado a un "ya que estoy aquí voy a intentar no molestar", pero interfirió constantemente con una gestualidad tan reiterativa como carente de indicaciones rítmicas, métricas, dinámicas, expresivas o de cualquier sentido musical. 

No quedó duda alguna de que Francés es un "caballero a la antigua usanza", pues en las entradas siempre deja que la señora orquesta pase primero. Por momentos, resultó divertido ver el énfasis con que su índice derecho parecía felicitar a una instrumentista que había entrado con toda exactitud mientras Francés miraba atentamente a otro instrumentista que descansaba en sus compases de silencio. 

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