Pese a todo lo que la rodeó (cuestiones que se mencionarán), la orquesta invitada Sinfónica de Stavanger dejó muy buena impresión en el Centro Cultural Miguel Delibes. El concierto no estuvo exento de algunos accidentes instrumentales y de algunas ideas peculiares, pero la base era demasiado buena como para que algo se desmoronara.
Ante todo, debe decirse que su titular, Andris Poga, es un consumado alquimista del sonido que sabe explotar las principales virtudes del grupo: con el letón no hay combinación sonora que no haya sido meditada, ni sonido feo, excesivo o con valor expresionista. El balance es de un equilibrio sublime, y prefiere añadir información de una manera en donde lo expresivo en general y lo meditativo en particular se recoge de forma muy creativa en tempi normalmente rápidos, que muchas veces se varían, pero sin regusto…
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