Desde siempre los conciertos de la temporada de abono de la Real Filharmonía de Galicia tienen lugar los jueves. Sólo excepcionalmente se celebran en viernes, entre otras cosas porque los fines de semana los santiagueses se marchan “a su aldea” y los estudiantes vuelven a casa a que les laven la ropa. De modo que los viernes inevitablemente se registra una entrada pobre en el Auditorio de Galicia. En el caso de esta noche, únase a ello una meteorología favorable a estar al aire libre, y sobre todo un cartel para el concierto con tres obras debidas a sendas compositoras de las que nadie ha oído hablar. El resultado es que apenas se ocupó la mitad de la sala.
Por más que el programa era coherente en sí mismo –tres piezas de inspiración norteamericana firmadas por tres mujeres-, los programadores debían saber de antemano que el público…
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