Una de las señas de identidad del Festival Resis es la realización de sus conciertos en salas de aforo reducido e inadecuadas para la música, en este caso el Auditorio de Afundación, una sala de conferencias con un patio de butacas sin pendiente y un escenario muy elevado en un plano por encima de las cabezas de los asistentes. Este escenario garantiza una mala proyección del sonido, la calidad del cual es muy pobre a causa del recubrimiento de la sala, de madera dura.
La altura del escenario dificulta la comunicación visual del público con los intérpretes, potenciada por la actitud escénica característica del Cuarteto Arditti, que concibe sus actuaciones como una liturgia para meditar antes que un espectáculo para contemplar o compartir como suele ser lo habitual en la música de cámara.
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