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Todo igual de feo: el "sonido Arditti"

Xoán M. Carreira
lunes, 3 de junio de 2024
Rebeca Saunders © 2024 by Astrid Ackermann Rebeca Saunders © 2024 by Astrid Ackermann
A Coruña, sábado, 1 de junio de 2024. Auditorio Afundación. Arditti Quartet. José M. López López, Cuarteto II 'Infinita Domenica'. Rebecca Saunders, Fletch. Luigi Nono, Fragmente Stille an Diotima. Festival Resis 2024. Aforo: ca. 180, asistencia 75%
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Una de las señas de identidad del Festival Resis es la realización de sus conciertos en salas de aforo reducido e inadecuadas para la música, en este caso el Auditorio de Afundación, una sala de conferencias con un patio de butacas sin pendiente y un escenario muy elevado en un plano por encima de las cabezas de los asistentes. Este escenario garantiza una mala proyección del sonido, la calidad del cual es muy pobre a causa del recubrimiento de la sala, de madera dura. 

La altura del escenario dificulta la comunicación visual del público con los intérpretes, potenciada por la actitud escénica característica del Cuarteto Arditti, que concibe sus actuaciones como una liturgia para meditar antes que un espectáculo para contemplar o compartir como suele ser lo habitual en la música de cámara. 

El concierto estuvo precedido por un hilarante monólogo, una suerte de homenaje a las introducciones de Les Luthiers a su propio repertorio. En su presentación Hugo Gómez Chao, director del Festival, enfatizó que no es partidario del rigor científico y optó por una narración a medio camino entre los cuentos de hadas y las hagiografías. Entre las segundas cabe destacar la anécdota de un encuentro casual entre Nono y "el párroco de San Marcos", quien procuró al compositor una experiencia iniciática nocturna en el interior del templo veneciano. Ciertamente se puede hablar del "funcionario del Palacio de la Zarzuela" pero los oyentes entienden mejor si se le llama "su Majestad el Rey Felipe VI". Sin duda el Patriarca de Venecia puede ser considerado párroco de San Marcos, aunque apenas cumpla esta función. 

En cuanto a los cuentos de hadas, resultó un acierto describir la escucha del Cuarteto II 'Infinita Domenica' de López López como algo semejante a la contemplación con el microscopio de la superficie de una piedra ... si bien parece razonable suponer que no había la menor intención sarcástica en el comentario de Gómez Chao, por muy acertada que fuera la comparación. 

Gómez Chao proclamó que el Cuarteto Arditti ha estrenado obras de todos los compositores importantes de los últimos cincuenta años y que es el mejor cuarteto del mundo. Ambas cosas son falsas, pero dan ganas de tomarle la palabra en la segunda y juzgar la actuación del Arditti no como la de uno más de los cuartetos profesionales y veteranos que hay en el mundo sino como un conjunto excelso incluso dentro del Olimpo de la interpretación musical. Pero no voy a minusvalorar la inteligencia de mis lectores, es cierto que el Cuarteto Arditti,  en el contexto de la Guerra Fría, desarrolló una amplia y rica trayectoria, pero hace ya tres décadas que no ofrece los estándares de calidad habituales en otros cuartetos que dan preferencia a la música actual

Es lo que ocurrió con la ejecución árida de Fletch (2012) de Rebecca Saunders, una compositora elegante con un discurso fluído, racional y claro que en ningún momento se percibió. Tampoco llegamos a percibir ni un ápice de la exquisita poética de Luigi Nono en la torpe ejecución de Fragmente Stille an Diotima, plagada de desajustes y de errores agógicos, dinámicos y de ataque, que condujeron a la confusión global en la última sección. 

Actualmente se espera que un cuarteto de cuerda ofrezca una interpretación coherente de su repertorio, fruto de ensayos racionales, basado en un buen conocimiento de las partituras y una toma de decisiones racional y conjunta sobre todos y cada uno de los detalles de dicha interpretación. Esto implica asumir que el cuarteto de cuerda es un instrumento musical y no una reunión esporádica de cuatro instrumentistas. 

Lo que vimos y escuchamos en el Festival Resis fue a un trío de cuerdas que, coordinado por el violonchelo, se esfuerza en ofrecer una lectura conjunta de las obras. Su labor se ve obstaculizada por la constante confrontación con las intervenciones desafinadas, desabridas y desajustadas de un primer violín ensimismado, que no los escucha e intenta imponer sus propias ideas, principalmente la de que que todas las obras -sean de quien sean- tienen que sonar exactamente igual: lo que sus admiradores denominan "sonido Arditti". 

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