Si por algo se han caracterizado
las incursiones en la música actual de esta temporada, y en particular los
estrenos, es por su accesibilidad hacia el público del Centro Cultural Miguel
Delibes. El Concierto para flauta n.º 2 de Albert Guinovart no fue una
excepción: pese a un comienzo que auguraba una música más “vanguardista”, la
vena melódica y los múltiples homenajes (algunos realmente explícitos y
“estructurales”, como en el caso de Mozart) se impusieron en una suerte de
creación culinaria de fusión bien combinada (estructura muy clásica) y de
múltiples influencias.
Lo que más me llamó la atención
fueron los déjà vu con la música cinematográfica de los 70 y principios
de los 80: Georges Delarue acudía a mi cabeza continuamente, y no por causas evidentes
o incontestables. Muchos de los momentos más dinámicos se tomaron del estilo…
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