Cuando yo era crío disfrutaba, ¡qué cosas!, con el heavy metal de grupos como Deep Purple, Iron Maiden, Scorpions y AC/DC. Aún así, en una ocasión que no me atrevo a fechar, me impresionó mucho el relato de un secuestrado a quien acababan de liberar, creo recordar que en Italia, un rehén de las Brigadas Rojas, que comentaba cómo sus secuestradores evitaron que conociera el contenido de una reunión mantenida delante de él ¡durante ocho horas! aplicándole unos cascos con el volumen a tope y sin otro programa que el de una única cinta de rock duro. Pensaba: ojalá nunca me ocurra a mí, no creo que pudiera resistir tanto dolor. ¡Quién me iba a decir que mucho tiempo después, cuando menos lo esperaba, este temor iba a ser de pronto rememorado! Pues sí, el pasado martes descubrí cómo para sufrir no hacen falta unas cuantas horas de rock pasado…
Comentarios