No hay cosa más agradable que un buen sillón de orejones al abrigo de una maravillosa chimenea ardiendo frente a un cuerpo cansado; hogar dulce hogar. Eso sí, como ese famoso asiento esté cojo o por alguna de estas pierda sin previo aviso su obsoleto equilibrio, ya tenemos para toda la tarde cierta minusvalía mental que no nos va a dejar realizar esa maravillosa relajación todo lo bien que nos habíamos propuesto.En comparaciones, puede ser lo que la tarde deparó en el tercer concierto que el ciclo complutense nos tenía preparado.Un gran cartel, una orquesta fresca y con todo lujo de detalles técnicos rusos, cierto fastuo de director y un programa de por sí muy bien cuidado y difícil, fueron los ingredientes que el gran Maître complutense nos presentaba. Todo perfecto.De por sí, el programa es digno de mención: unas versionadas danzas del…
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