Mauricio Sotelo no es un artista acomodaticio ni gusta de calentar los asientos estéticos, como demuestran su carrera y su catálogo. Pero si algo está arraigado en su concepción musical es su formación vienesa que le ha proporcionado los instrumentos que garantizan la solidez conceptual, estructural y retórica de su producción, con independencia de los variables estilos que ha utilizado a lo largo de su carrera.
En más de una ocasión he replicado a los detractores de su uso del flamenco que a nadie se le ocurre reprochar a Beethoven la utilización de la 'polonesa' en su Triple concierto o a Brahms del vals en su Segunda sinfonía. Y, desde luego, nunca he leído que estas obras sean ejemplos de nacionalismo musical. Lo cual se debe a las restrictivas perspectivas eurocéntricas que solo parecen subsistir en algunas áreas de la crítica…
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