El concierto de abono n.º 9 de la
OSCyL ofreció buen nivel artístico, que se sustentó en la primera parte y sobre
todo en la interpretación que Vadim Gluzman hizo del Concierto n.º 2 de
Shostakóvich, caracterizada por una calidad técnica que permitió disfrutar de
la obra sin el menor sobresalto y maravillarse con ese sonido pleno, transparente,
solidísimo del israelí, alcanzado sobre todo hacia la mitad del primer
movimiento (se había quedado bajo en algún salto hacia el agudo) y exhibido ya
hasta el final de su intervención, incluida una propina donde demostró que la
perfección existe.
La obra es realmente complicada,
porque hay una exposición permanente del solista (lo que de alguna manera me
hace recordar al Concierto para violín de Beethoven, aunque quizá esto
sea una excentricidad). En esta interpretación, además, la orquesta quedó…
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