Después
del empacho de Puccini, retornaba al escenario un clásico del repertorio, Nabucco.
Y de nuevo otro lleno hasta la bandera, con las butacas agotadas desde hacía
semanas. ¿Dónde están los políticos que decían que la ópera es un espectáculo
elitista? La Fundació Òpera Catalunya volvió a obtener un éxito
artístico, social y cultural en este proyecto de país, firmemente afianzado,
que lleva la ópera a once escenarios catalanes diferentes.
Y
de nuevo se produjo el milagro inexplicable de la física: consiguieron meter en
el raquítico e incómodo foso del Teatre Tarragona una orquesta que sonó
poderosa como nunca y tronó con fuerza cada vez que la partitura lo exigía,
bajo la flexible batuta del joven maestro Sergi
Roca Bru (me viene a la mente el comentario ingenioso y mordaz de Rossini,
genial en todo: “porque conozco el nombre del…
Comentarios