A primera vista puede chocar la presentación de un programa como el de hoy, asentado en dos obras concertantes precedidas de una obertura a modo de introducción puramente orquestal. Máxime cuando el director del concierto no es el titular de la orquesta -a quien naturalmente debe pedirse que alterne a lo largo de una temporada el rol estelar y el protagonismo compartido con los solistas-, sino un director invitado, a quien habitualmente se le reserva en exclusiva el plato fuerte de la función. Sin embargo, la común nota concertante de las obras programadas es sólo aparente, y, por otra parte, la modestia acostumbra a rendir beneficios de sabiduría cuando uno es llamado a un festín orquestal -e instrumental- en casa ajena.Eiji Oue, perteneciente a una nutrida segunda generación de directores japoneses que rondan la cuarentena -en la…
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