Bonito programa el penúltimo de
la temporada de la OSCyL, en el que se hilvana a Ravel con el repertorio ruso
de una forma evidente (la orquestación de Cuadros de una exposición) y
otras más sutiles, en cuanto a la conexión de los colores orquestales
provenientes de distintas tradiciones.
En los Valses nobles y
sentimentales la orquesta todavía no estaba al cien por cien y esta obra no
sonó con la limpieza y la sutileza que requiere. Hubo, como siempre con Thierry
Fischer, momentos muy logrados, esencialmente en el fraseo de la cuerda; pero
se notó esa especie de eco que suena en esta sala cuando la sincronización deja
que desear o los volúmenes de las familias luchan entre sí. Pese a todo, y
aunque parezca inverosímil, es la primera vez que la OSCyL aborda esta obra y,
dentro de que quizás hubiera requerido mayor precisión, la…
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