Es habitual definir los proyectos al margen de las grandes producciones y alejados de los circuitos puramente comerciales como “alternativos”. La etiqueta no tendría gran importancia si no fuéramos a hablar de danza. Porque “alternativo” significa “opción entre dos cosas”, y cabe preguntarse cuál es la opción a la que se enfrenta la danza “alternativa”. En efecto, a la nada. El panorama es desolador, un erial en el que escasamente florecen (aunque debería decir sobreviven) unas pocas compañías. Primero se asesinó la danza clásica, y ahora parece tocarle el turno a la contemporánea. Así pues, de alternativa nada, no hay otra opción para la danza que poner mucha ilusión y esfuerzo y arreglarse con pocos medios tanto para la producción como para la difusión de las obras. Armarse de paciencia y esperar tiempos mejores.El 3D Festival…
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