La presencia o asistencia a un concierto un viernes por la noche puede deberse a diversas motivaciones: desde el simple compromiso tácito de cumplir con un abono pagado, el no tener mejor plan para llenar esas horas que inician el fin de semana, el interés por las obras programadas o el atractivo que puede suponer oír y ver de cerca, y en directo, a un solista o director de orquesta accesible tan sólo en grabaciones.En la propuesta de este fin de semana de la OBC, me pesaron más las dos últimas razones expuestas, por una parte las partituras escogidas no son de las más programadas a pesar de ser bastante populares para cualquier melómano, por lo que era una oportunidad de saborearlas en directo; por otra, el atractivo de un solista como Misha Maisky, virtuoso y versatil violochelista de nuestros días. Antonin Dvorák, músico que nos…
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