Habida cuenta de la consolidada tradición bruckneriana de la
Orquesta Sinfónica de Galicia, tarde o temprano tenían que abordar la Novena Sinfonía con el cuarto movimiento
que el compositor dejó inconcluso. La historia sobre este asunto empezó a los
pocos días de la muerte de Bruckner, cuando algunos “coleccionistas de
recuerdos” se llevaron de su casa una buena porción de documentos del Finale. A partir de ahí se sucedieron
varios intentos para completar la obra, desde los debidos a los músicos
contemporáneos de Bruckner hasta llegar al trabajo de William Carragan a
principios de los años ochenta. Pero ninguno de ellos llegó a asentarse entre
intérpretes y público.
Los nuevos pasos para la
solución del problema sólo se dieron en 1983, cuando Nicola Samale y Giuseppe
Mazzuca empezaron su ricostruzione. La única versión…
Comentarios