La Orquesta de Córdoba, a instancias de su actual titular, ha apostado decididamente por la recuperación de Margot de Joaquín Turina, retomando un formato -la presentación de títulos líricos en versión de concierto, al margen de las producciones escénicas del Gran Teatro- que, sin constituir una tradición continuada, sí ha jalonado algunos de los hitos más relevantes de la historia del conjunto. Especialmente recordadas fueron las interpretaciones de Pepita Jiménez de Albéniz (1998), Orfeo ed Euridice de Gluck (2003) o Die Entführung aus dem Serail de Mozart (2008), así como, más recientemente, las zarzuelas de Joaquín Valverde (2019), El patio de los naranjos de Pablo Luna y La chiquita piconera de Ramón Villalonga (2022), estas últimas impulsadas por Carlos Domínguez-Nieto durante su etapa como director titular de la orquesta en ese periodo. El director madrileño promovió también la recuperación de Gonzalo di Córdoba de Antonio Reparaz en 2023, una propuesta de indudable interés que, privada de su impulsor original, se resolvió en una interpretación tan desacertada como prescindible.
Sin embargo, con la presente “resurrección” de la ópera de Turina, la Orquesta de Córdoba ha superado con creces estos precedentes, tanto por el valor histórico como por la entidad artística en sí misma de la obra. No estamos, pues, ante la mera recuperación de una rareza ni ante la programación, por puro afán de novedad o cierto esnobismo, de un título desconocido.
Y es que Margot ocupa un lugar singular en el catálogo de Joaquín Turina y constituye su cuarto intento de acceder al teatro lírico. Fue compuesta en el verano de 1914, entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, mientras el compositor aguardaba la entrega paulatina del libreto de María Lejárraga. El estreno tuvo lugar el 10 de octubre de ese mismo año en el Teatro de la Zarzuela, bajo la dirección musical de Pablo Luna, en un clima de gran expectación. La acogida por parte de la crítica fue, no obstante, apática y, pese a reconocer el talento musical, subrayó la debilidad dramática del libreto y la tosca caracterización de los personajes. Aun así, la obra fue inmediatamente representada en Sevilla y Zaragoza, llegando incluso a Buenos Aires dos años más tarde.
Tras caer en el olvido, Margot reapareció de forma parcial precisamente en el Gran Teatro de Córdoba el 14 de septiembre de 1999, cuando la Orquesta Joven de Andalucía, dirigida por Juan de Udaeta, ofreció una selección de unos treinta y cinco minutos en versión concertante que llevaría después a Sevilla y Madrid.
El argumento se apoya en los equívocos sentimentales y en situaciones propias del género chico, articulando un triángulo amoroso marcado por un romance tan intenso como pasajero. José Manuel, un joven sevillano, vive en París una breve y ardiente relación con Margot. De regreso a Sevilla, retoma su noviazgo de siempre con Amparo, convencido de haber dejado atrás aquella aventura. Sin embargo, Margot no ha olvidado a José Manuel y viaja a Sevilla durante la Semana Santa para reencontrarse con él. El cruce de caminos se produce en plena procesión del Jueves Santo, en una escena donde se entrelazan el fervor religioso, el conflicto sentimental y el humor. A partir de ahí, José Manuel oscila entre ambas mujeres hasta que, en la Feria de Abril, la verdad sale a la luz. Incapaz de sostener el engaño, el joven elige finalmente a Amparo, mientras Margot se despide con una amarga canción que pone un tono melancólico al desenlace.
A pesar de los tópicos y de la escasa originalidad de un libreto ciertamente endeble, Turina se sirvió de él para desplegar una creatividad musical desbordante en una partitura tan inspirada como acabada. Su música evidencia una lograda síntesis de influencias: el impresionismo francés asimilado en París convive con la vitalidad rítmica y melódica de la tradición andaluza. Se perciben ecos de Massenet y Puccini, así como -evidentemente- de Granados y Albéniz, pero lo que verdaderamente impresiona es la capacidad de Turina para afirmar una voz propia.
La célebre escena del Jueves Santo concentra muchas de estas virtudes, con una orquestación brillante, armonías audaces y un lenguaje que combina modernidad, tradición y atrevimiento (precisamente la música de esta escena fue arreglada con fortuna como marcha procesional por José Manuel Bernal y, titulada como la propia ópera, es considerada de culto en este género y muy interpretada en Andalucía durante la Semana Santa).
Éxito incuestionable de Salvador Vázquez
La interpretación del concierto tuvo como protagonista indiscutible a Salvador Vázquez, no solo como impulsor de la idea original de esta Margot felizmente puesta en valor, sino también como un director musical especialmente inspirado, firmando el mejor trabajo que le hayamos escuchado en la ciudad. Bajo su batuta, la Orquesta de Córdoba mostró un sonido brillante, robusto y maleable, como hacía mucho tiempo que no se le escuchaba. Más allá de la apabullante calidad tímbrica, la solidez rítmica y la coherencia armónica hicieron plena justicia a la partitura de Turina.
En el apartado vocal, Berna Perles ofreció una Margot competente, con una dicción algo borrosa y cierta falta de proyección en la escena inicial, pero que fue ganando presencia y soltura conforme avanzaba la velada. Por su parte, la también malagueña Alba Chantar encarnó una Amparo convincente, sabiendo aprovechar su gran momento en la escena del Jueves Santo con una emotiva saeta, cantada con elegante línea vocal desde el palco del proscenio. Javier Franco era una baza segura para completar con éxito el triángulo protagonista gracias a la entrega incuestionable y notable musicalidad del barítono gallego. La cantaora Anabel Castillo firmó asimismo una intervención intachable, con una voz velada de profundo calado expresivo, sólido sentido rítmico y excelente afinación. El Coro de Ópera de Córdoba, siempre esforzado y entusiasta, ofreció una prestación correcta, aunque muy alejada de los niveles de excelencia alcanzados en otras etapas.
La ausencia de subtítulos en tiempo real fue un aspecto negativo a considerar, ya que habrían resultado de gran ayuda para la comprensión de la trama, incluso tratándose de un texto en castellano; máxime en una obra prácticamente desconocida para buena parte del público. Del mismo modo, debemos lamentar que el Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE) haya perdido una oportunidad inmejorable para abordar una producción escénica a la altura de las circunstancias, que sin duda habría tenido una excelente acogida en numerosos escenarios nacionales.
Por último, conviene destacar que, afortunadamente, la obra ha sido grabada en los días previos a sendos pases públicos por el sello IBS Classical, lo que dará lugar a la primera grabación oficial completa de Margot.
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