La sutileza asombrosa de los timbres; el toque primoroso, distinguido por graduaciones dinámicas de tenues matices en los pianísimos; la sonoridad reluciente; el fraseo torneado de manera elegante y escrupulosa, evidenciaron la acendrada sensibilidad musical y las notables destrezas técnicas del pianista francés Cédric Tiberghien, en su único recital, celebrado el sábado en el Auditorio Nacional.Obras del francés Maurice Ravel (1875-1937) y del alemán Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847) formaron la primera mitad. La segunda se dedicó enteramente a los 24 Preludios opus 28, del polaco Fryderyk Chopin (1810-1849).Las tres partes que integran Gaspard de la nuit, ciclo compuesto por Ravel en 1908 con base en espectrales poemas en prosa de Aloysius Bertrand, recibieron idóneo tratamiento sonoro de manos del pianista: glacial, vibrante y…
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