Como no, al día siguiente, la formación húngara volvió a ofrecernos la calidad que nos asombró la tarde anterior. El programa no bajaba el listón que se habían propuesto en la sesión precedente sino que se resolvió el doblete por medio de los dos grandes que quedaban del país: Kodály y Bartók.En este momento fue cuando la audiencia pudo observar al mejor Vásáry, el director que lleva a sus discípulos a superar los pequeños errores que podían haber estropeado la gala primigenia. Puede que el descanso en la estresante capital haya hecho que los ya de por sí magníficos músicos hayan dado lo mejor, y mira que los dobletes de programa son un verdadero chasco para lograr resultados increíbles cuando se giran de estas maneras. Y Vásáry no iba a ser menos. Qué se note que el maestro puede con todo y no sólo los pupilos y que su alocución la…
Comentarios