Encarando una de las tardes más desapacibles del invierno valenciano, decenas de miles de personas se concentraron para expresar su No a la guerra. Tanta gente, tanta emoción en las calles, parece que dejó al Palau algo huérfano de ambas cosas, de público y de pasión. Sobre lo primero, nada que decir: el público es soberano, además la semana estuvo muy poblada de conciertos y la asistencia a la manifestación era como una especie de obligación moral. En cambio, lo segundo, la falta de calor en el escenario, es algo tan sólo atribuible a las intérpretes. Cierta atonía imperó en sus versiones y sólo en el último tercio de la velada fueron capaces de ponerse de acuerdo a la hora de aunar técnica y fuerza expresiva.No me pareció acertado el orden de las obras que constituían el programa. Qué quieren que les diga, quizá me esté haciendo ñoño,…
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