Conocí a Gonzalo de Olavide, hace más de treinta años, en Ginebra, donde residía con su familia y componía música. Iba por libre, entonces, y quiere parecerme que sigue yendo por libre, en la actualidad. Precia su independencia sobre cualquier otra cosa – y esto, en nuestra sociedad, suele costar un precio, como por ejemplo, no ser tan famoso o atraer poco público, no importa si uno hace bien su labor o no. Pero tengo la impresión que todo eso le importa bien poco, y su utopía será probablemente, componer y escuchar su música, él solito, sin nadie más, para poder concentrarse en sus ideas, y punto.El lenguaje de Olavide es contemporáneo, tanto en lo estético como en lo formal. Gusta desarrollar pequeñas células, a veces con técnicas contrapuntísticas, otras recurriendo a una especie de minimalismo, al agregar paulatinamente otras…
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