Pasó el primer concierto de la Orquesta Filarmónica de Chile con un sabor ambiguo en los paladares de sus asistentes. Por un lado, la gran figura de la noche, el pianista español Joaquín Achúcarro, decepcionó un poco en su interpretación del Concierto Emperador, de Beethoven. Digo que decepcionó un poco porque las enormes expectativas que se habían formado ante la presencia de un artista de tal talla y renombre internacionales presagiaba una versión memorable de esta obra, que no fue tal. No digo que no haya interpretado la partitura de muy correcta manera, muy por el contrario. Pero sí creo que se quedó en eso nomás, en una correcta lectura, que no propuso sobre la obra aquellos elementos que uno espera de un gran pianista, es decir, un fraseo notable, un gran derroche de virtuosismo o una expresividad de antología. Poco de eso se vio…
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