Que uno acuda a un concierto presintiendo que se lo va a pasar bien y que luego sus expectativas se vean más que cumplidas, la verdad es que da mucho gusto. Así le ocurrió a este crítico en la presente ocasión. Orquesta, solista y director rayaron a un nivel extraordinario, como muy bien ha escrito ya en Mundoclasico.com Juan Krakenberger tras el paso de todos ellos por Madrid. Ciertamente, poco tengo que añadir a lo expuesto por mi colega en referencia a la interpretación de las obras sinfónicas que formaban parte del programa, propina incluida. Si la de Schönberg tuvo un desarrollo magistral desde el primer compás, pues no hubo elemento que no se doblegara a la intención expresiva de los músicos (¡qué forma de encadenar las líneas melódicas y los planos sonoros!, ¡qué manera de saturar y aligerar las texturas y los colores), la de…
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