Tras una serie de espectaculares conciertos, y con la excepción que confirma toda regla, tiene que aparecer aunque sólo sea por unos breves momentos un receso en el camino. No es la obligación del mismo que tenga que manifestarse porque no haya más soluciones pero por lo que siempre se ha podido comprobar, un concierto que pasa sin fuste ni muste por los oídos del auditorio trae cierta sensación de relax que, pasado el cénit , no viene del todo mal.Por tanto, y visto lo visto esta noche en el Auditorio, la Filarmónica de Dresde ofreció un concierto bisagra que no pasará a los anales de la historia complutense como una de sus mejores intervenciones.Eso sí, se observó en el escenario una gran orquesta, muy bien empastada, muy afinada, muy de todo, pero aburrida hasta más no poder. ¿El programa? Puede que lo ideal no fuese crear efectos…
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