España - Madrid

Así habló la orquesta

Josep Mª. Rota
Alexander Liebreich
Alexander Liebreich © OBC
Madrid, domingo, 1 de marzo de 2026.
Auditorio Nacional de Música. Serguéi Jachatrián, violín. Orquestra de València. Alexander Liebreich, director. Vicent Martín i Soler: Obertura de La capricciosa corretta. Johannes Brahms: Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 77. Richard Strauss: Also sprach Zarathustra, op. 30. Ocupación, lleno completo.
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L’Orquestra de València se presentó en el Auditorio Nacional de Música con un programa clásico de obertura de ópera, concierto y poema sinfónico. Programa exigente en cuanto a la variedad de estilos y formas, desde la obertura del primer Clasicismo al poema sinfónico del Posromanticismo, pasando por un concierto del más clásico de los románticos.

El valenciano Vicent Martín i Soler parecía condenado a constar en la historia de la música como alguien que fue famoso en su día, conocido gracias a Mozart y no por sí mismo. Por suerte, su música vuelve a sonar, aunque menos de lo que podría. La capricciosa corretta es una ópera cómica en dos actos, con libreto de Lorenzo da Ponte 1. Música alegre, desenfadada, hermana de Haydn y prima de Mozart. La reducida plantilla de la orquesta brindó un suave aperitivo de lo que estaba por venir.

El Concierto para violín de Brahms es piedra de toque para violinistas a la vez que pieza favorita del público, compitiendo por el podio con Beethoven, Mendelssohn y Chaikovski. Serguéi Jachatrián demostró un dominio perfecto del violín, impecable en la técnica, expresivo y nunca estridente. Por cierto, Jachatrián toca el Stradivarius que perteneció en su día al virtuoso Karl Kiesewetter, propiedad ahora de la Stretton Society. Jachatrián sacó unos bellísimos sonidos a su instrumento, con unos pianos delicados a la vez que presentes.

A pesar de que el Concierto de Brahms es una obra muy sinfónica, el maestro Alexander Liebreich optó por mantener a la orquesta en un plano muy vecino al solista, con un sonido muy comedido, sin duda apropiado al carácter de Brahms y al de su música concertística. En el segundo movimiento, ese que tan poco le gustaba a Sarasate, la sección de madera de l’Orquestra de València confirmó la calidad que ya había mostrado en la obertura de su paisano Martín i Soler. En el tercer movimiento, ese alla zingara no escrito pero evidente, orquesta y solista se crecieron en sonido y emoción, siempre dentro de los límites brahmsianos.

De propina, Jachatrián ofreció un arreglo para cuerda de la canción popular de su Armenia natal Dle yaman, interpretada habitualmente con el duduk, instrumento de viento de doble caña.

Fue en la segunda parte cuando l’Orquestra de València se presentó con todos sus efectivos, trombones, tubas y percusionistas hasta entonces ausentes. Alexander Liebreich (Ratisbona, 1968), presidente y director artístico del Richard-Strauss-Festival de Garmisch-Partenkirchen entre 2018 y 2020, demostró que a Strauss no se le sirve haciendo ruido simplemente. Y menos en una música tan manida en una parte y tan poco comprendida en general.

Liebreich no tiró de efectismo sino que demostró un profundo conocimiento de la obra. Así, la Introducción, poderosa en el metal y la percusión, sonó a una verdadera invocación zoroastrista a la fuerza vivificadora del sol. La cuerda se lució ya en el bellísimo pasaje, tan straussiano, que desarrolla el tema del credo in unum deum a 18 voces en la bemol. Aunque el mismo Strauss ya avanzara que no pretendía hacer “música filosófica”, en la interpretación de Liebreich, al lado de Zoroastro desfilaron Ahura Mazda, el Übermensch, pero también la sorna, la de Nietzsche y, por supuesto, la de Strauss, de posromántico a dodecafónico y politonal hasta la dicotomía final del do y del si. ¿Había una forma más chocante de terminar después del contundente do mayor inicial?

El público aplaudió con justicia de nuevo a la sección de madera y, especialmente, a la de metal, y a una orquesta, organista incluido, que, en conjunto, de la mano de su director titular, ofreció un muy buen concierto. 

Notas

1. La obra se estrenó con el título de 'La scuola dei maritati' y se dio luego con los nombres de 'Gli sposi in contrasto' y 'La moglie corretta'. El crápula da Ponte le escribió a Martín i Soler hasta cuatro libretos más: 'Il burbero di buon cuore', 'Una cosa rara, ossia bellezza ed onestà', 'L'arbore di Diana' y 'L’isola del piacere'.

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