El concierto n.º 12 de abono e la OSCyL fue extenuante, y no tanto por la duración, sino por la intensidad y densidad de las obras, que obligó al público a sentir cierto tipo de emoción sin descanso: Francesca de Rímini es una obra maestra dificilísima que no sirve como aperitivo de nada (en mi opinión, y desde las costumbres actuales, podría cerrar un programa que contara con un par de poemas sinfónicos en la segunda parte, por ejemplo). Las obras de Chaikovski, Rachmáninov y Prokófiev son bombones con enjundia que pueden hacer que la atención del público se sobrecargue: de la maravillosa sinfonía de Prokófiev cerca de mí escuché “me han sobrado dos movimientos”, y no tan cerca “he hecho escapadas mentales y me costó reincorporarme”. Una justificación puede estar en la inminente interpretación de dos de estas obras en el en Festival…
Comentarios