Cuando la pareja de cantantes, tras los aplausos y bravos calurosos y sostenidos, empezó a entonar la primera propina, sin anunciar al público su procedencia ni el fragmento en cuestión, mi memoria tardó en responderme. No era de una de las más conocidas y populares óperas de Rossini, ni tampoco un duettino de frecuente audición. Mas del fondo de mis recuerdos musicales acabó surgiendo la respuesta tras las primeras estrofas. El personaje masculino tenía un gran parecido con el que, poco antes, en la segunda parte del programa, había entonado un aria de L’occasione fa il ladro. Ahora, mérito indudable del tenor, volvía a ser el novio, esta vez en la escena de la declaración de amor de esa misma ópera, un breve dúo sin grandes alardes vocales ni armonías brillantes pero de una naturalidad, sencillez y belleza melódica que embelesa con…
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