España - Cataluña

Harnoncourt se lo hubiera pasado en grande

Andreu Ripol
Concentus Musicus Wien
Concentus Musicus Wien © 2026 by Palau de la Musica Catalana
Barcelona, lunes, 16 de marzo de 2026.
Palau de la Música Catalana. Concentus Musicus Wien. Stefan Gottfried (director). Johann Sabastian Bach: Los seis Conciertos de Brandenburgo
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A lo largo del tiempo, hemos visto muchos casos de formaciones musicales estrechamente vinculadas a una figura humana concreta, por lo general, el fundador y/o director titular de dicha formación. Tras la desaparición de esa figura todopoderosa, el destino de las formaciones suele ser bastante disperso, desde su total desaparición (por suerte, lo que menos) hasta su consolidación en manos de nuevas generaciones de intérpretes (por suerte, lo que más). 

Lo hemos visto en orquestas sinfónicas de gran calibre, como la Suisse Romande, fundada y dirigida durante cinco décadas por Ernest Ansermet, que desde los años setenta hasta la actualidad ha contado con directores que han sabido consolidar su continuidad, pero, sobre todo, este tipo de agrupación musical bañada durante años por la alargada sombra de su fundador, suele identificarse con conjuntos instrumentales especializados y orquestas de cámara. 

Es el caso, por ejemplo, de la Orquesta Bach de Munich y de The Academy of St. Martin in the Fields. Mientras que la primera aflojó notablemente tras la muerte de Karl Richter, hace más de cuarenta años, y nunca ha logrado recuperar su nivel de antaño, la segunda, vinculada a la figura de Sir Neville Marriner, sí ha conseguido mantenerse en la cresta de la ola bajo la dirección de solistas instrumentales de la talla de Murray Perahia o de Joshua Bell.

Un caso similar al de The Academy lo encontramos en el Concentus Musicus de Viena, formación instrumental fundada por Nikolaus Harnoncourt en 1953 con la idea de revolucionar la concepción e interpretación de la música barroca, logrando un notable éxito a partir de los años sesenta, sobre todo en la esfera de J.S. Bach, de quien grabaron la totalidad de su obra instrumental y, sobre todo, la famosa integral de las cantatas religiosas siguiendo criterios historicistas muy atrevidos, como el de incorporar niños cantores en los roles de las sopranos y las contraltos. 

Desde la jubilacion oficial de Harnoncourt, a finales de 2015, y su posterior fallecimiento pocos meses después, la dirección del conjunto recayó sobre Stefan Gottfried, quien ha ejercido, y sigue ejerciendo, el cargo de titular del conjunto durante toda una década, con el objetivo de continuar el estilo de su maestro y los objetivos que éste se había impuesto durante sus más de sesenta años al frente de “su” formación.

El concierto que se ofreció en el Palau de la Música de Barcelona forma parte de una gira que rinde homenaje a Nikolaus Harnoncourt en el décimo aniversario de su muerte; un homenaje que es también, de algún modo, la celebración exitosa de esta primera década del grupo sin la figura de su fundador y director al frente del mismo. Y todo esto se hace con un “plato fuerte” que, sin duda, se ha considerado una de las especialidades del maestro Harnoncourt: nada más y nada menos que la integral de los seis Conciertos de Brandenburgo de Johann Sebastian Bach.

Hace mucho tiempo que no escuchaba al Concentus Musicus en vivo y debo reconocer que tenía muchas ganas asistir a este concierto. Tal era mi interés que me impuse como tarea escuchar la mítica grabación de los seis conciertos realizada en 1964, con la primera generación de integrantes del grupo, y bajo la dirección de un Harnoncourt treintañero. Y la verdad es que la comparación resulta tan sorprendente como enriquecedora, porque hay que reconocer que la orquesta no suena igual ahora que hace sesenta años. Han cambiado conceptos, estilos y criterios, lo cual no deja de ser normal.

Aquella legendaria interpretación hizo explotar el mundo de la música barroca. Se trataba de una lectura absolutamente diferente, casi experimental. La idea causó entusiasmo, y si hubo algunas críticas, éstas se centraban, sobre todo, en el sacrificio casi total de cualquier concesión a la melodía fácil y agradable, y el exceso de sonidos ásperos y cortantes, en algún momento casi rozando la antipatía. Aunque Harnoncourt y los suyos defendieron este concepto como el auténtico y original de Bach, en algunos momentos de la grabación parece percibirse que ellos mismos se frenan ligeramente ante su desbocada audacia, en especial, en los movimientos lentos.

Pues bien, en nuestros días la cosa es diferente. Concentus Musicus es un conjunto respetado y admirado como una leyenda viva de la música antigua y barroca. Sigue disfrutando, como antaño, de su trabajo interpretativo, y ya no se inquieta ante sus posibles excesos. En mi opinión, posee un sonido menos vivo que en la época de Harnoncourt, pero también menos severo y algo más amable. Interpretaron un Bach auténtico, genuino, convincente, aunque diferente de como lo interpretaban antes. Quizás les faltó también el carisma arrollador del que fuera su fundador, que manejaba el grupo con total sabiduría y conseguía de él la máxima unidad y un gran rigor interpretativo.

Si tuviera que elegir uno de los conciertos interpretados en el Palau de la Música, me quedaría seguramente con el Cuarto, en el que la violinista Theona Gubba-Chkheidze se erigió como una solista de primer orden espléndidamente secundada por las dos flautas. También sonó de maravilla el encantador Adagio del Concierto n.º 6, y Stefan Gottfried, que dirigió todo el tiempo desde el clave, nos mostró una excelente interpretación del Concierto n.º 5, en el que su instrumento posee un destacado papel solista. Lo menos logrado, a mi modo de ver, las trompas del Primer concierto, que sonaron en exceso disonantes, y algunos allegros (como el del n.º 3) a los que faltó algo de empuje.

Como decía al inicio del comentario, Concentus Musicus ha sobrevivido a su fundador y eterno director, pero eso no quita que la alargada sombra del mismo se prolongue sobre el grupo y sea muy difícil juzgar a éste sin poder esquivar comparaciones inevitables, y debo reconocer que yo soy el primero en caer en este fácil remedio. 

Por eso quiero también reivindicar al Concentus Musicus tal como es ahora, sin Harnoncourt, en una etapa de su trayectoria diferente, porque diferentes son sus componentes y diferente es el concepto que se tiene hoy en día de la interpretación con instrumentos originales. 

Estoy seguro de que Harnoncourt, hombre abierto e inteligente, si hubiera estado presente en el concierto, se hubiera sentido orgulloso del quehacer de las nuevas generaciones, o dicho con palabras menos formales y algo más amenas, al igual que el público que llenaba prácticamente el total del aforo de la sala y que aplaudió con ganas al final del concierto, si Harnoncourt hubiera asistido al mismo, se lo hubiera pasado en grande.   


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