España - Madrid

Armide: armónico artefacto

Germán García Tomás
Armide
Armide © 2026 by Teatro Real
Madrid, domingo, 15 de marzo de 2026.
Teatro Real. Armide. Tragédie en musique en un prólogo y cinco actos. Música: Jean-Baptiste Lully. Libreto de Philippe Quinault, basado en el poema épico La Gerusalemme liberata de Torquato Tasso. Estreno en el Teatro Real. Ópera en versión de concierto. Dirección musical: Vincent Dumestre. Le Poème Harmonique. Reparto: Stéphanie d’Oustrac (Armide), Cyril Auvity (Renaud), Tomislav Lavoie (Hidraot / Ubalde), Marie Perbost (La sabiduría / Phénice / Melisse), Victoire Bunel (La gloria / Sidonie / Lucinde), Timothée Varon (El odio / Artémidore).
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En su gran apuesta anual por la recuperación de óperas barrocas, el Teatro Real ha rescatado en versión de concierto el que quizá es el título más representativo de la extensa producción teatral de Jean-Baptiste Lully al margen de sus colaboraciones con el dramaturgo MolièreArmide, una muestra de lo más granada de ese género operístico genuino en Francia como es la tragédie lyrique o la tragédie en musique del compositor por antonomasia al servicio de Luis XIV. 

El tema de la hechicera Armida que narra Torcuato Tasso en su poema Jerusalén liberada interesaría unas décadas después a Haendel para armar la trama de lo que sería su primer éxito operístico londinense en lengua italiana, culmen de recitativos y arias da capo Rinaldo, cuyas derivadas llegarían hasta mediados del siglo XIX con la cantata del mismo nombre para tenor, coro y orquesta de Johannes Brahms. Como patrón de Lully y, al igual que éste, excelente bailarín en la representación de ese novedoso modelo de ópera nacional desarrollado por el colosal talento lírico de su empleado musical, que a su vez desempeñaba su labor de maestro de corte con mano férrea y despótica en cuanto a los procedimientos escenográficos y la selección de cantantes y bailarines, es del todo probable que el propio Rey Sol, interesado en temáticas moralizantes para sus súbditos, intercediera en la elección de las temáticas que debían nutrir los libretos de las tragedias líricas, encomendados con carácter vitalicio al servil libretista de cabecera de Lully, Philippe Quinault, todo ello con el apoyo de la maquinaria escenográfica a cargo de Jean Bérain para invocar al deus ex machina.

Armide, que vio su estreno el 15 de febrero de 1686 en el Teatro del Palais-Royal de París, tiene de lo mejor y de lo peor de la ópera barroca francesa de finales del XVII y principios del XVIII, con los códigos semánticos y estilísticos del canto y la danza asentados por Lully que tanto Charpentier como Rameau, los paladines continuadores de la tragédie, seguirán con fidelidad, aportando sus sellos distintivos para desencorsetar las rígidas reglas de un perfecto artefacto sonoro: interminables recitados y ariosos en un continuum dramático y el esplendor de las danzas de corte que jalonan una partitura magnífica en cadencias. Todo al servicio de la más pura expresión teatral y del colorido balletístico. 

Es un auténtico privilegio que coliseos líricos como el Real y programadores nacionales como el CNDM cuenten y recurran a grupos altamente especializados en la interpretación de este tipo de repertorio, ya que si no fuera por ellos no volverían a revivir el encanto y la grandilocuencia en el buen sentido (la grandeur francesa asociada a la música) de estas creaciones operísticas. Desde su fundación en 1998, Le Poème Harmonique que dirige Vincent Dumestre es uno de los más prestigiosos conjuntos de la primera mitad de siglo XXI especializados en música antigua francesa, y con permiso de los más veteranos Les Arts Florissants de William Christie o Les Talens Lyriques de Christophe Rousset, uno de los pilares fundamentales actuales consagrados casi por entero a esta parte del canon operístico en Francia, girando un repertorio de óperas desconocidas en España porque no son obras asentadas en las programaciones estables de nuestros grandes teatros. 

Esta agrupación orquestal y coral de música antigua recibe un fuerte apoyo del Ministerio de Cultura francés, mantiene un fuerte vínculo con la región de Normandía y es residente en la Fundación Singer-Polignac de París como artista asociado. Todo ello podría hacer pensar que su compromiso es únicamente con la historia musical de su país, pero los de Dumestre han recuperado asimismo títulos del Barroco italiano como L’uomo femmina en Dijon, Caen y Versalles, que fue visto la temporada pasada en el coliseo madrileño, así como L’incoronazione di Poppea de Monteverdi. Ahí quedan igualmente singulares y llamativos registros discográficos como el del Stabat Mater de Pergolesi donde el director propuso encomendar a un coro de voces blancas todos y cada uno de los números tradicionalmente asignados a dos voces femeninas, o a una soprano y un contratenor.

En esta velada operística sin puesta en escena, Le Poème Harmonique volvió a recrear lo que se pudo escuchar en la grabación de la misma ópera de Lully que realizaron en 2024 en el Château de Versailles Spectacles convocando el mismo reparto enteramente galo que entonces, encabezado por la mezzosoprano nacida en Rennes Stéphanie d’Oustrac en el papel titular. Es la suya una “rara avis”, una voz singular, potente, de timbre oscuro que se podría asemejar al de una contralto. La emisión de su canto -de sonido un tanto abierto en la máscara-, es flexible y muy matizado, de todo punto dramático y de carácter descarnado, como demostró de forma modélica en su famoso recitativo que finaliza el segundo acto y que retrata la ambivalencia del personaje respecto a sus intenciones sobre el guerrero cristiano Renaud, “Enfin, il est en ma puissance”, y en el monólogo final del quinto “Le perfide Renaud me fuit”, donde profirió escalofriantes “Hélas!”.

El personaje de Renaud lo dio vida el tenor Cyril Auvity, prototipo de voz francesa haute-contre, que exhibió un fraseo exquisito y de gran finura, sin utilizar el falsette en las notas agudas, destinando un canto delicado, de enorme ternura, en su escena del sueño del segundo acto, acurrucándose en el suelo mientras varios integrantes del coro entonaban la canción de las ninfas y los pastores, en lo que fue la parte más “escénica” y actuada de toda la función. 

Del resto del elenco hay que alabar las virtudes vocales de gran pureza de las sopranos Marie Perbost y Victoire Bunel, de instrumentos timbrados y colores contrastantes, en sus diversos cometidos como Phénice y Sidonie, confidentes de Armide, y como la sabiduría y la gloria en el prólogo exaltador de los atributos de Luis XIV. En el apartado masculino, el bajo Tomislav Lavoie recitó con ágil matización su parte de Hidraot, padre de Armide, y el barítono –aunque su color le acerca igualmente a un bajo- Timothée Varon encarnando al odio resultó teatral junto a Armide antes de sus escasas frases como Artémidore en su diálogo con Renaud.

El conjunto instrumental bajo la magistral rectoría de Dumestre funcionó como una maquinaria perfecta en un sostenido ejercicio de continuidad y dinamismo contando con un envolvente y sinuoso bajo continuo en clave, tiorba y cuerda grave, con violines y violas virtuosos y en armónicos unísonos al que se unió la paleta de color de fagots y flautas dulces en pulsos enérgicos y de metro medido en cada sarabande o aire de danza que vehiculan la acción y que hasta permitían visualizar el apoyo, el empuje y la línea del movimiento coreográfico, con las casi dos decenas de voces del coro como comentaristas de la estática acción empastando a la perfección en un canto de dulzura y refinamiento, que corona el famoso pasacalle “Les plaisirs ont choisi pour asile”, con dos de sus integrantes femeninas en solos en la escena de la dormición de Renaud, así como virtuosismo coral en las partes más enérgicas de la obra. 

Remitimos al lector que no lo conozca a la mencionada grabación de la ópera de Lully que podrá encontrar íntegramente en Youtube. Al margen del estupendo plantel de solistas que visitó Madrid, es digna de admirar la sonoridad transparente y etérea de un conjunto que hace honor a su nombre.

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