Apenas dos semanas después de celebrarse el concierto en conmemoración del 30 aniversario de la Real Filharmonía de Galicia (RFG) en diferentes localidades gallegas, la orquesta ofreció un nuevo programa de abono con un carácter bien distinto. Bajo la dirección de (Aix-en-Provence, 1974), artista en residencia de la RFG en esta temporada, la primera parte del concierto ofreció tres obras que el programa del concierto considera "retratos de la naturaleza", si bien no parece haber ninguna relación directa, como sí la hay en la sinfonía de Knecht que cerró el programa.
La Suite de la ópera “Naïs” (1749) de Jean-Philippe Rameau (1683-1764) es una selección de números provenientes de esta ópera que narra una de las múltiples aventuras sentimentales de los dioses romanos, siempre tan proclives a disfrazarse de mortales, en este caso Neptuno, enamorado de la ninfa Naïs. Es una música principalmente bailable que Beyer y la RFG tocaron con animación, ritmo, buen gusto y musicalidad, convirtiendo la experiencia en muy agradable.
A continuación, cambiando el orden del programa impreso, se interpretó el Concerto grosso nº 12 en Sol mayor “Propitia Sydera” (Estrellas favorables) de Georg Muffat (1653-1704), una obra relativamente popular, nuevamente trufada de números de danza, que incluso se oyeron tararear -la Ciaconna- en el descanso del concierto. A mi nonagenario padre fue lo que más le gustó del concierto. El principal de violonchelo de la RFG, Millán Abeledo, y los violinistas Beyer y James Dahlgren (el concertino de la RFG) se lucieron en sus intervenciones como "concertino" y la orquesta se defendió muy bien haciendo su "ripieno", que fue más que un simple relleno o contrapunto de los tres solistas.
La tercera pieza fue el Concerto para violín en la menor nº 5, Op. 7 de Jean-Marie Leclair (1697-1764), una obra que Beyer calificó como 'más animada' en una de sus intervenciones habladas desde el escenario, justificando así el cambio de orden del programa. Personalmente me interesó más Muffat, aunque Leclair es sin duda un compositor apasionante en su mezcla de violín italiano y tradición francesa, y Beyer consiguió convertir todo el Concerto en una especie de ola musical sin grandes dramatismos pero con un ímpetu que casi hizo parecer los tres movimientos como una simple miniatura musical preciosa.
Previamente a este concierto se había presentado el grupo de estudiantes -quince- del Curso Avanzado de Especialización Orquestal, quienes, también dirigidos por Beyer, hicieron un breve concierto con algunas piezas del siglo XVIII de Rameau, Vivaldi, Johann David Heinichen (1683 – 1729), Albinoni y una selección de cinco piezas denominadas genéricamente "Bailes venecianos", que fueron especialmente interesantes porque los alumnos desarrollaron una sencilla coreografía de Oliver Foures moviéndose por el escenario mientras tocaban. Me gustó sobre todo la naturalidad con que se aproximaban a la música de la 1ª mitad del XVIII, ya no propiamente barroca pero que se suele interpretar con los mismos criterios, y que -en principio- no forma parte del repertorio en el que suele moverse el músico de orquesta.
Maruxa Baliñas
El plato fuerte del concierto fue Le portrait musical de la nature LadK II/844-848 (Speyer, Renania: Rath Bosslers Verlage, ca. 1784), la única obra orquestal conocida de Justin Heinrich (Biberach, Baden-Wurtemberg, 1752 - 1817), una pieza que me interesa vivamente y que ansiaba escuchar en directo desde que compré la partitura en Nueva York en 1992. Treinta y dos años de espera me habían creado una expectativa que temía ver decepcionada, máxime cuando Beyer está especializada en los repertorios anteriores a 1754. Afortunadamente no fue así y disfruté de una interpretación sobresaliente de esta sinfonía considerada la fuente de inspiración para la Sinfonía nº 6 'Pastoral' de Beethoven, con la que está obviamente emparentada.
La veteranía de Beyer aliada con su fino olfato musical consiguieron una versión coherente y ajustada en estilo a las modas vienesas y francesas de los años inmediatamente anteriores a la Revolución Francesa. Beyer asume que Le portrait musical de la nature no es una sinfonía vienesa al uso sino un producto concebido por un experto compositor de música teatral que aborda un experimento narrativo basado en las unsung voices 1. Su interpretación se atiene al estilo francés que tan bien conoce, de división de la orquesta en tres coros: maderas protagonistas, acompañadas por las cuerdas, con intervenciones ad libitum del coro de trompetas y timbales (eché en falta unas trompetas naturales que casan a la perfección con los timbales antiguos y proporcionan un timbre rudo ideal en estos repertorios).
Beyer hizo una introducción emotiva con referencias autobiográficas a la Sinfonía de Knecht y la relación de esta con la Pastoral afirmando que Beethoven tenía un ejemplar de la partitura de Le portrait musical de la nature en su biblioteca particular. No he encontrado constancia de tal hecho, que considero improbable dado que la partitura general de la sinfonía de Knecht se publicó por primera vez en 1984 en la editorial Garland de Nueva York (que es la edición que yo poseo): más probable es que Beethoven conociera la existencia de la obra de Knecht y su programa narrativo porque figuraba como anuncio en la contraportada de la edición de Bossler (octubre de 1783) de sus Tres sonatas para piano WoO 47 "Kurfürstensonaten". Lo cual no implica que Beethoven hubiese tenido ocasión de consultar Le portrait musical de la nature, y menos aún que esta sinfonía sea el antecedente directo de la Pastoral beethoveniana, más allá de las enormes semejanzas de los programas narrativos utilizados por Knecht y Beethoven.
De lo que sí tenemos constancia es del conocimiento y aprecio por Beethoven por las sinfonías programáticas de Carl Ditters von (Viena, 1739 - Neuhof, Bohemia, 1799), especialmente sus doce sinfonías -han sobrevivido seis- sobre Las Metamorfosis de Ovidio, compuestas a partir de 1781, que fueron un gran éxito en su época y estimularon a Knecht para abordar la composición de Le portrait musical de la nature, una obra que ofrece grandes similitudes con la Sinfonía en do mayor Kr.73 'Die vier Weltalter' de Dittersdorf, primera de la serie ovídica. Knecht era un hombre de gran cultura y buen conocedor de la poesía y el teatro grecolatinos, lo cual fue un aliciente para despertar su curiosidad por las sinfonías sobre Las Metamorfosis de Dittersdorf e intentar aplicar el modelo a su primera y única sinfonía, inspirada en las Las Bucólicas de Virgilio. Cabe resaltar que la Sexta sinfonía de Beethoven es la única de sus ocho sinfonías (la Novena es otra cosa) relacionada con el universo poético de Virgilio, en contraste con la enorme influencia de Horacio sobre las otras siete.
Las notas de programa de Carme Tubío Barreiro me mencionan como "estudioso" de la relación entre las Sinfonías Pastorales de Knecht y Beethoven, pero no reconocen que más de la mitad del texto de Tubío sobre la obra Le portrait musical de la nature es una reproducción literal de las páginas 67 y 68 de mi libro Ludwig van Beethoven. As [8+1] sinfonías (A Coruña: 2008 y 2017).
Xoán M. Carreira
1. Carolyn Abbate, «Unsung Voices: Opera and Musical Narrative in the Nineteenth Century», (Princeton, NJ: Princeton Un. Press,1991, 2/1996)
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Comentarios
¿Y esto es una crítica? Carreira habla más de sí mismo (encantado de haberse conocido) que del concierto o la interpretación de la orquesta. Qué cosas...