Aunque muy popular en su época, el oratorio Christus am Ölberge, op.85 (Cristo en el monte de los Olivos) de Beethoven, empezó a caer en el olvido a medida que avanzaba el siglo XIX, y sin embargo es una obra sustancial por derecho propio, muy expresiva y a la vez íntima, considerada como un retrato de la lucha interior, la resistencia, las dudas y el triunfo final del Redentor.
Dada la rareza del oratorio, resultó un placer la elección de esta obra por Jordi Savall como primera parte del concierto celebrado en Santander en esta pre-Semana Santa de 2026 con Le Concert des Nations y la Capella Nacional de Catalunya.
Interpretadas por el tenor Emanuel Tomljenovic (Jesús) y la soprano Elionor Martínez (Serafín), las principales líneas vocales de Beethoven fueron de gran belleza. La transformación de Jesús, desde la vulnerabilidad inicial hasta la valiente seguridad final fue transmitida convincentemente por un tenor de talla barroca, alejado del estilo operístico, y que fácilmente podemos imaginarlo como el Evangelista de Bach o en un oratorio de Handel. Tomljenovic adoptó un tono solemne pero conmovedor, manteniendo un sutil equilibrio entre pasión y contemplación a lo largo de su desempeño.
La interpretación de Elionor Martínez de la presencia divina del Serafín se caracterizó por una buena técnica vocal, abarcando una amplia gama de emociones con admirables matices, sin excesos en la coloratura y superando con solvencia los numerosos retos técnicos.
El conjunto vocal de La Capella Nacional de Catalunya, preparado por Lluís Vilamajó, cantó con excelencia, logrando muy buenos efectos que fueron desplegados con gran calidad y precisión, y deleitando desde su primera entrada, “Oh, heil euch, ihr Erlösten”. Esta doble capacidad de rigor y expresividad culminó en una fuga final de mucha altura.
El tercer solista, Manuel Walser (Pedro), con registro de barítono, personificó al género humano con emociones y motivaciones ardientes y perentorias, mostrándose notablemente dramático en el terceto “In meinen Adern”, clímax del oratorio que da paso al magnífico final fugado para coro y orquesta. Con Savall, el asombroso sonido beethoveniano que consiguió Le Concert des Nations (con una inspirada Lina Tur Bonet como concertino) quedó expuesta con delicadeza, vigor y muy bellos colores.
La segunda parte del concierto estuvo dedicada a Die Sieben Worte Unseres Erlösers am Kreuze, Ho.XX:2 (1796), (Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz), el oratorio de Joseph Haydn que tiene su origen en el encargo de un canónigo de Cádiz. Inicialmente la obra constaba de siete Adagios de unos diez minutos de duración cada uno que se intercalaban entre otras tantas reflexiones del oficiante y debía interpretarse en la iglesia de la Santa Cueva durante la Cuaresma. Posteriormente Haydn hizo varias versiones, la última de las cuales, para solistas, coro y orquesta es la que pudimos escuchar en esta ocasión.
Y notable fue la interpretación de Savall y su Orquesta, con fundamento histórico y tocando las cuerdas con muy poco vibrato, lo que contribuyó a lograr claridad y equilibrio con los instrumentos de viento, excelentemente ejecutados. Así, hubo pasajes reveladores, como el nº 4 “Mein Gott, mein Gott”, donde tanto violines como violas adquirieron un sonido cristalino al que contribuyó la comprometida dirección de Savall. Impecables también los solistas y el coro abarcando una gama de sonidos que fueron desde un casi inaudible susurro hasta la fuerza auditiva en la evocación, ejecutada con precisión, del terremoto que siguió a la muerte de Cristo, el breve momento con el que Haydn concluyó la obra.
El polivalente Savall consiguió poner de manifiesto un sonido de primera calidad, atendiendo siempre a la fluidez y el fraseo natural de la música de Haydn, entregándonos una interpretación conmovedora y emotiva.
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