España - Cataluña

Un centenario cubierto de vida y de amor

Andreu Ripol
Monserrat Torrent
Monserrat Torrent © 2026 by Antoni Bofill
Barcelona, sábado, 18 de abril de 2026.
Palau de la Música Catalana. Concierto-Homenaje a Montserrat Torrent en el centenario de su nacimiento. B. Balbé, A. Barba, M. Bonfiglioli, G. Bovet, P. Cabrera, O. Candendo, J. Carbó, A. Cea, J.M. Escalona, J. Figueras, R. Fresco, S. García Lastra, M. Imbruno, F. J. López, D. Malet, T. Mut, T. Olives, D. Oyarzábal, J. de la Rubia, J. Vergés, E. Viccardi (organistas) Obras de Böhm, Bach, Haendel, Rheinberger, Rimski-Korsakov, Capocci, Respighi, Torres, Selva, Guridi, Massana, Mompou, Thomas, Ball, Garbizu, Mola i Mateu, Bovet, De la Fuente, Olives y Bonfiglioli.
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Se pueden decir muchas cosas sobre este concierto. Se puede hablar del escenario, del repertorio, de los intérpretes, de Montserrat Torrent, cómo no, y al final, como colofón, coronar el artículo con la frase, que quizá suene un tanto azucarada, que consta como título. 

Pero prefiero decirlo alto y claro al inicio del comentario, con todo el azúcar añadido y más si pudiera: Por encima del repertorio, de los intérpretes, del escenario, de la organización del evento, o de cualquier otra cosa, la real razón de ser de este concierto es el homenaje a la vida y al amor. A la vida, larga vida, que sigue en plena marcha, rebosante de energía, de nuestra Montserrat Torrent, en el día de su más que especial aniversario. Y al amor y afecto de sus discípulos, admiradores, amigos, todos los que estuvimos reunidos en un día tan especial para, una vez más, aplaudir y admirar a nuestra Gran Dama del Órgano.

He asistido a bastantes conciertos largos en mi vida, pero como éste, con tres horas sobrepasadas de música y emoción, pocos he visto. Y se me ha hecho corto, lo reconozco, pues nada me hubiera importado la aparición de tres o cuatro organistas más para seguir deleitando con su música, y desde luego, con su amor hacia la homenajeada que, tranquila y risueña, se mantuvo durante las tres horas sentada en un palco lateral aplaudiendo (y quién sabe si evaluando) a la veintena larga de antiguos discípulos y eternos amigos que desfilaron por el escenario en su honor. 

Antes, al inicio del acto, para sorpresa de todos, nuestra Dama se sentó al teclado e hizo los honores, con su mejor arma, la música, de esta inolvidable maratón matinal barcelonesa.

Homenaje a Montserrat Torrent en su centenario. © 2026 by Antoni Bofill.Homenaje a Montserrat Torrent en su centenario. © 2026 by Antoni Bofill.

La verdad es que todo el concierto fue de lo más original, en muchos sentidos. Estuvo amenizado por dos conocidos presentadores de Catalunya Música, quienes, antes de cada actuación, transmitían el particular mensaje del intérprete hacia su profesora y amiga; impresiones y recuerdos íntimos, imborrables. Acto seguido, cada organista salía al escenario con una fotografía que colocaba en un panel misterioso hasta completar el cuadro fotográfico. 

Los que conocemos la trayectoria de Montserrat Torrent ya sospechamos enseguida de qué podía tratarse, y así fue. Las fotografías formaban un puzzle con la imagen del Gran Órgano de la Gran Dama, aquel por cuya restauración y puesta a punto luchó durante sesenta años Montserrat: el órgano de la iglesia de Sant Felip Neri, que lleva su nombre, y será inaugurado oficialmente el próximo mes de mayo.

El repertorio del concierto, formado por veintiuna piezas tocadas por veintiún organistas diferentes, también fue de lo más original. Dejando aparte el Preludio y fuga BWV 549 y el Kyrie BWV 669 de Bach, poco repertorio conocido, especial atención a la música de los siglos XIX y XX, y muchas sorpresas agradables para quienes no conocemos en profundidad la multitud de obras organísticas compuestas en nuestro siglo y en el anterior. 

No va a ser posible comentar cada una de las piezas interpretadas, así que, a nivel general, vale la pena decir que, por su variedad estilística y colorística, estas obras, además de mostrar la gran calidad técnica de los discípulos de Torrent, permitieron trazar una imagen perfecta de lo que es el órgano del Palau de la Música de Barcelona, de su riqueza, de su variedad sonora, que puede transportarnos con facilidad desde la nostalgia o la ensoñación más delicadas hasta el sentimiento de lo épico y lo grandioso traspasando nuestra fibra corporal.

Pudimos conocer obras escritas por algunos de los intérpretes, como el Totentanz sopra Victamae paschali de Matteo Bonfiglioli, Al principi de Tomé Olives, o el Fandango de Guy Bovet, uno de los discípulos y colaboradores más antiguos de Montserrat Torrent. A mí me sorprendió gratamente la obra Profecías II de la organista y compositora madrileña Alicia Díaz de la Fuente, una página contundente y de deslumbrante plasticidad sonora, así como dos curiosidades, que no conocía, y que se tocaron una a continuación de la otra: el Scherzo en re mayor de Filippo Capocci y las Variaciones sobre un tema de Paganini para pedal solo de Thalben-Ball, esta última, uno más (pero diferente y muy especial) del conjunto de variaciones paganiniano que ya trabajaron anteriormente Brahms, Rachmaninov y Lutoslawsky, entre otros.

Escuchamos también transcripciones tan llamativas como interesantes; es el caso de la Procesión de los nobles, de la ópera Mlada de Rimsky-Korsakov, y de la Obertura del Sansón haendeliano, transcrita por el propio autor e interpretada por Juan de la Rubia, uno de los más brillantes discípulos de Montserrat, una Montserrat que también pudo disfrutar de alguna de sus obras más queridas, como la Pastoral, dedicada a ella por el propio compositor, Frederic Mompou, o el conmovedor Ofertorio del acto sacramental El cansancio del hombre, de Guridi, autor que la Dama del Órgano siempre admiró e incluyó en sus conciertos. 

Quizás echamos en falta alguna obra del repertorio español antiguo, un repertorio también muy querido por la centenaria organista, pero lo visto y escuchado en el presente concierto se puede dar por más que satisfactorio, sobre todo en lo que se refiere a la divulgación de lo poco habitual y conocido, que, desgraciadamente, es muy frecuente en un instrumento como el órgano, a pesar de los esfuerzos realizados en este sentido por Montserrat Torrent durante sus largos años de trabajo en pro del instrumento.

No quisiera finalizar este artículo sin hacer una somera mención a un concierto celebrado unos días antes, el miércoles 15 de abril, formando parte del XXXVI ciclo de conciertos del Órgano de la Catedral de Barcelona. En el magnífico instrumento del templo barcelonés, pudimos escuchar a una de las discípulas de Montserrat Torrent (musicalmente presente también en el homenaje del Palau de la Música), la brillante intérprete asturiana Susana García Lastra, quien dedicó especialmente su actuación a Montserrat, poniendo en marcha un interesante y variado programa, con obras desde el pleno barroco alemán hasta opciones tan diversas del siglo XX como pueden ser Zwart, Messiaen o Piazzolla, sin olvidar a la compositora Mélanie Bonis, que está siendo rescatada del olvido, y de quien nos ofreció dos bellas piezas, Egloga y Gai Printemps.     

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