La representación del clásico pareado Cavalleria rusticana / Pagliacci del Teatro Calderón de la Barca de Valladolid se caracterizó por la tremenda irregularidad de sus componentes, sobre todo los cantantes. Está claro que hay gran dificultad para encontrar profesionales que puedan abordar con garantía papeles dramáticos, y, si esto ocurre en general, puede entenderse lo que supone para un teatro que representa una ópera al año (en este caso dos, pero en las mismas tres sesiones).
Aun así, da la sensación que hoy esto importa poco, hasta el punto de que, en grandes periódicos, existen profesionales (no sé de qué) supuestamente especializados en ópera que jamás hablan de los asuntos vocales (el del periódico español El Confidencial es el caso más absurdo de los que conozco), y en general parece que el canto en la ópera es una cuestión…
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