España - Madrid

¡Viva el circo!

Germán García Tomás
Smetana, La novia vendida. Regie de Pelly
Smetana, La novia vendida. Regie de Pelly © 2026 by Javier del Real / Teatro Real
Madrid, domingo, 19 de abril de 2026.
Teatro Real. La novia vendida. Ópera cómica en tres actos. Música: Bedřich Smetana. Libreto: Karel Sabina. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con Opéra National de Lyon, la Ópera de Colonia y el Théâtre Royalde de La Monnaie de Bruselas. Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly. Escenografía: Caroline Ginet. Iluminación: Urs Schönebaum. Reparto: Natalia Tanasii (Mařenka), Sean Pannikar (Jeník), Moisés Marín (Vasek), Martin Winkler (Kecal), Manel Esteve (Krusina), María Rey-Joly (Ludmila), Toni Marsol (Mícha), Monica Bacelli (Háta), Jaroslav Brezina (comediante principal), Rocío Pérez (Esmeralda), Ihor Voievodin (indio). Actores: Haizam Abdala (payaso Auguste), José Carpe (payaso blanco), Yoankis Natos (Pippo), Billy Jackson (boxeador). Coro (director del coro: José Luis Basso) y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Gustavo Gimeno.
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El Teatro Real ha subido a escena la ópera cómica más representativa de la escuela nacionalista checa, La novia vendida de Bedřich Smetana, que como dato curioso se estrenaba en su escenario justo un siglo y cuatro días después del nacimiento del compositor, el 6 de marzo de 1924. Para esta ocasión, la ópera más representativa de su autor, que vio la luz en Praga en 1870, contaba en esta nueva producción del coliseo madrileño con la cuidada concepción escénica y los funcionales figurines del francés Laurent Pelly, creador de exitosas puestas en escena en este escenario, la última en 2022 con Los maestros cantores de Nurenberg en la que participó el protagonista del último recital de Voces del Real, el bajo barítono Gerald Finley dando vida a Sachs.

Más que el espíritu de opereta, que también, Pelly prefiere recrear más un ambiente de ópera bufa rossiniana, que de ello posee en abundancia la partitura del maestro checo ya desde la más célebre página, la obertura inicial, que opta muy oportunamente por no enturbiar a nivel escénico manteniendo el telón bajado para hacer disfrutar al espectador de la rítmica vertiginosa y el vibrante juego virtuosístico entre los trémolos de las cuerdas y las florituras de las maderas.

Ese aspecto de ridiculización bufonesca se aprecia principalmente en la figura del casamentero Kecal, una mezcla entre Don Bartolo, el doctor Dulcamara y Don Pasquale, un bribón que trata de hacer negocio con el matrimonio convenido entre Mařenka y el bobalicón tartamudo Vašek, que al final será puesto en ridículo delante de todos los aldeanos por el verdadero amor de la joven, Jeník.

Si ese enamorado de la lírica española en que se ha convertido Christof Loy -en junio trae al Teatro de la Zarzuela su visión de la ópera El gato montés de Penella- nos presentaba enseres desperdigados por la escena en su montaje de El castillo de Barbazul de Béla Bartók, el planteamiento escenográfico de acusado componente minimalista que Caroline Ginet diseña para La novia vendida de Pelly coloca sus propios objetos apiñados y suspendidos en el aire como una masa amorfa, en una especie de naturaleza muerta volátil. Así, por encima del escenario distinguimos sillas, bicicletas, lámparas, neveras y demás mobiliario doméstico que evoca la cotidianidad del hogar, la que las convenciones sociales, sus padres y el empeño del sibilino Kecal tienen preparados y quieren imponer a Mařenka.

Smetana, La novia vendida. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena, Laurent Pelly. Madrid, Teatro Real, abril de 2026. © 2026 by Javier del Real / Teatro Real.Smetana, La novia vendida. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena, Laurent Pelly. Madrid, Teatro Real, abril de 2026. © 2026 by Javier del Real / Teatro Real.

Un marco alejado de todo componente rústico o folclórico que despeja la escena para que, encarnando al pueblo, el coro titular del teatro al mando de José Luis Basso, el protagonista estelar de la ópera, se mueva a sus anchas, cantando, riendo y bailando, con una admirable desenvoltura y coordinación escénica que no resta ni un ápice a su sentido de la musicalidad. Un esparcimiento que continúa en el segundo acto, con la taberna como ubicación, representada en una larga pasarela en el lateral derecho, y que será el lugar donde Jeník consuma su treta de “vender” a su novia al casamentero firmando el documento en presencia de todos los campesinos.

Por fin, el circo, ese gran espectáculo del mundo, es el que hace brillar Pelly en el tercer acto con el simpático montaje pantomímico de la carpa o chapiteaux por parte de los cuatro payasos mientras suena la no menos famosa ‘Danza de los comediantes’. Una coreografía muy efectiva de la que desconocemos la autoría para el momento más puramente circense de la ópera, aunque aquí no vuelen por el aire los trapecistas en la pista. Este no es un circo de gran espectacularidad, es una compañía circense ambulante, parecida a las de otras óperas como I pagliacci o Las golondrinas, pero sin el aspecto trágico de ambas, y sirve de decorado para el desenlace, en el que Mařenka reprocha a su amado la supuesta traición de éste, y que al final se descubre que es la argucia que idea Jeník para conseguir legalmente el amor de la joven.

Contribuyen a la ambientación general las aportaciones de la soprano Rocío Pérez como Esmeralda, la hermosa actriz de la que se prenda el ingenuo Vašek, y el bajo Ihor Voievodin como el indio, comandados por el maestro de ceremonias, el tenor Jaroslav Březina, a su vez supervisor de dicción de esta coproducción entre Madrid, Lyon, Colonia y Bruselas.

En el segundo reparto presenciado, la soprano moldava Natalia Tanasii, mejor cantante que actriz, compone una Mařenka de enorme finura y sensibilidad vocal desde su lamento en solitario del primer acto, un primoroso y melodioso canto que apoya en un instrumento mórbido en su registro central y agudos de gran brillantez.

Smetana, La novia vendida. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena, Laurent Pelly. Madrid, Teatro Real, abril de 2026. © 2026 by Javier del Real / Teatro Real.Smetana, La novia vendida. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena, Laurent Pelly. Madrid, Teatro Real, abril de 2026. © 2026 by Javier del Real / Teatro Real.

Como su partenaire, el tenor de ascendencia esrilanquesa Sean Pannikar es un sobresaliente Jeník en escena, que aprovecha los grandes espacios que Pelly proporciona para desplegar su dinamismo, exhibiendo arrojo y volumen junto a Tanasii tanto en los momentos de idilio amoroso en el acto inicial como en los reproches de ésta en el tercero, y en su jugoso y extenso dúo con Kecal en el segundo acto, al que es capaz de imprimir el componente de farsa y que nos recuerda la dialéctica entre Lindoro y Mustafá en La italiana en Argel de Rossini.

Este personaje, fundamental como motor de la trama, se ve beneficiado por la importancia que le otorga el regista, y fue magistralmente recreado por el bajo Martin Winkler, aportando credibilidad escénica en la mejor tradición del bajo cantante con su grave registro, y con un estilo de opereta vienesa que le acerca a personajes como el Zsupan de El barón gitano de Johann Strauss.

Por su parte, el tenor Moisés Marín realiza una actuación sensacional como Vašek, dotando de comicidad al “tonto del pueblo” por medio de sus creíbles tartamudeos y un canto de lirismo exaltado en su aria del segundo acto. Magnífica demostración de los poderosos medios canoros del cantante granadino, un refinado intérprete de música barroca pero igualmente eficiente en el campo de la ópera representada, siendo motivo de satisfacción que se le ofrezcan sobre las tablas papeles de mayor importancia y entidad.

Completan el cast -con una destacadísima presencia de cantantes españoles que demostraron una perfecta adecuación a la prosodia checa- las participaciones del barítono Manel Esteve, de gran solidez vocal, y la siempre expresiva soprano María Rey-Joly como los maduros padres de Mařenka, que le dan el contrapunto a la charlatanería de Winkler en la segunda escena del primer acto. A ellos se unen en el tercero el barítono Toni Marsol y la mezzosoprano Monica Bacelli como los progenitores de Jeník, consiguiendo un equilibrado empaste en el concertante, donde instan a Mařenka a que reflexione y acepte la boda con Vašek.

En uno más de sus hitos interpretativos, Gustavo Gimeno, director musical del coliseo desde la presente temporada, aporta vigor y ligereza desde el foso a la partitura de Smetana, una auténtica delicia para los oídos en su mezcla de comedia chispeante y melodrama italiano de gran sentimentalismo que supone esta obra maestra en el terreno de la escena operística checa. 

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