Freud usó la tragedia griega para fundamentar
el psicoanálisis. Damiano Michieletto, en un proceso inverso, se vale del psicoanálisis
para convertir a Salomé en una tragedia griega. La joven idumea siente 'encarnada' en Jochanaan la figura de su padre, Herodes
Filipo, que, en esta versión, fue liquidado por su medio hermano, Herodes
Antipas. No satisfecho con tal acción, el asesino, pareja ahora de su antigua
cuñada (ahí no hay cambios), abusa de su sobrina, probablemente desde que era
niña, es decir, incluso antes de pedirle que 'baile' para él a cambio de lo que
se le antoje. Salomé, que sufre un trauma devastador, exige la cabeza del
Bautista para poseer lo único que cree puro entre tanta basura y que conecta
con el recuerdo de su progenitor. De esta forma, lo que acaba besando, en una
suerte de necrofilia parental, es la propia…
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