Pocas veces coincide tan bien el local del concierto con la orquesta que en ella toca. Pero en este caso fue así: un salón del Casino, realmente grandioso en su eclecticismo demodé, y una orquesta también algo anticuada, sobre todo en comparación con el sonido modernísimo de la Sinfónica Junior de Amberes, que le había precedido la noche anterior (y que por cierto actuaba en un Auditorio reciente y algo aséptico, como ellos mismos). Incluso la asistencia del embajador de Lituania en España resultaba -al tiempo que entrañable y una muestra de respeto- algo 'fuera de moda'. En fin, una orquesta muy distinta a la de Amberes, procedente de otra tradición interpretativa, con un sonido fácilmente asociable al de las grabaciones históricas, pero una calidad totalmente comparable.La primera obra del programa fue la única que se salió de la…
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