A pesar del cartel “No hay localidades”, la Sala Sinfónica no se llenó. Fue interesante constatar que eran las localidades más caras que más vacías estaban, y siendo así uno se tiene que preguntar, si fue la programación que no fue del agrado de los abonados, ¿o tal vez la nacionalidad americana de los intérpretes?(en estas horas tan difíciles que estamos viviendo).Sea como fuere, algo no funcionó, y no era ciertamente la música o los intérpretes. Ya sabemos que el tamaño de la sala sinfónica no es el marco ideal para un recital de sonatas, pero la figura de Pinchas Zukerman, un veterano del violín y de la viola si los hay hoy en el mundo, podía superar este escollo. Y si consideramos que su pareja, el pianista Marc Neikrug, colabora con él desde hace 25 años, teniendo una trayectoria musical fuera de serie, los motivos de una cierta…
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