España - Galicia

Horizontes sonoros

Xoán M. Carreira
Wolfgang Rihm
Wolfgang Rihm © Hans Peter Schaefer | Wikipedia
A Coruña, viernes, 15 de mayo de 2026.
Palacio de la Ópera. Richard Wagner, Lohengrin: Preludio Acto I. Jacobo Gaspar, Ars Umbrae. Richard Wagner, Lohengrin: Preludio Acto III. Wolgang Rihm, Tutuguri: Danza negra y roja. Richard Wagner: Tristan und Isolde: Liebestod. Orquesta Sinfónica de Galicia - OSG, Josep Planells, director. Festival Resis. Concierto de abono 18 de la OSG.
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En su debut con la Orquesta Sinfónica de Galicia - OSG, Josep Planells abordó un programa de enorme dificultad tanto en el plano conceptual como en el de la ejecución, que la Dra. Teresa Cascudo en sus notas al programa etiqueta como "La música en el límite" argumentando que:

Wagner, en Lohengrin y Tristan und Isolde, nos ofrece dos formas de lo inaccesible: la luz de Grial y un deseo que sólo encuentra reposo al desaparecer. Gaspar Grandal y Rihm, por su parte, desplazan la escucha hacia otros territorios: hacia la sombra como materia sonora y el rito como desbordante energía física.

Ciertamente Planells acertó al ofrecernos una interpretación de cuatro horizontes sonoros tan diferenciados como complementarios, supo situar estratégicamente las cinco piezas, creando en la contemplativa primera parte una transición desde lo crepuscular hasta la brillantez del amanecer, y en la emocionante segunda parte un violento contraste entre la violencia expresiva de Tutuguri y la dulzura suspendida de Liebestod

Planells triunfó en un reto ambicioso que en el caso del Palacio de la Ópera añadía el enorme obstáculo de la pésima acústica de la sala. La Orquesta Sinfónica de Galicia parecía tocar cómoda con Planells y se mostró dispuesta a gratificar en el concierto el intenso trabajo de unos ensayos orientados a garantizar el equilibrio y la precisión interpretativa, contando incluso con las jugarretas acústicas, que en este programa perjudicaron especialmente a los espléndidos conjunto de trompas y clarinetes de la OSG. Desde mi butaca percibí esporádicas opacidades que muy probablemente no se escucharon en otras partes de la sala. 

La OSG se enfrentó a un programa de enormes y muy diversas dificultades que llevó al límite las altas competencias individuales y colectivas de la orquesta. Lo justo es felicitar a todos los integrantes y permítaseme centrar mi elogio, en esta ocasión, en la pianista Alicia González Permuy quien -como es habitual- dio una lección de cómo compatibilizar la más intensa concentración con la relajación corporal. 

Si bien he asistido a bastantes interpretaciones de la música reciente de Wolgang Rihm (1952-2024), nunca había tenido ocasión de escuchar en directo los fragmentos de Tutuguri (1982-83). Tras disfrutar de la intensa escucha y visualización de esta danza me vino a la memoria la mala recepción en España de la música del joven Rihm por parte de Enrique Franco, Tomás Marco y otros críticos falangistas que calificaron la música de Rihm como "biensonante", un insulto que compendiaba un reproche a un creador que consideban un hereje traidor a los postulados vanguardistas en los que había sido formado. El caso es que el apodo despectivo fue asumido con buen humor por Francisco Cano y otros compositores españoles que se sentían asqueados por las intromisiones estéticas de los gestores de las políticas culturales. 

Por mi parte, me sentí atraído por la intensidad emocional y la vitalidad de una música que reflejaba sin ambages el dolor y la frustración generados por los graves errores y la violencia geopolítica de los años 1970. Impresión reforzada por el espectáculo del enorme esfuerzo físico que Tutuguri requiere de los músicos. 

Jacobo Gaspar compuso Ars Umbrae a los 37 años, un poco más que los 30 de Rihm cuando escribió Tutuguri- que le valió un premio en el Isang Yun International Composition Prize. Al igual que Rihm, Gaspar se formó en los más rigurosos postulados vanguardistas, en su caso de la órbita francesa espectralista, y -como Rihm- hace un uso generoso de los procedimientos estándar de la vanguardia en la que fue formado, y desde ahí acierta a crear una retórica propia en la cual los procedimientos son sólo variables gramaticales que subyacen a un discurso dirigido a emocionar a los intérpretes y al público, y que aspira a crear belleza. 

En palabras de la Dra. Cascudo, Ars Umbrae nos ofrece "una escritura atenta al sonido como materia y una escucha capaz de comunicar sin rebajar su existencia." Planells acertó al ubicar Ars Umbrae en el lugar idóneo del programa, entre los dos preludios de Lohengrin, lo cual permitió resaltar con la OSG el espléndido trabajo tímbrico de Gaspar, un compositor que ha logrado un logro nada despreciable: sobrevivir en medio de Wagner. 

El Wagner de Planells discrepa de las tradiciones interpretativas mainstream, en las que prevalece el componente expresivo: él aborda Wagner desde la perspectiva de un director - compositor joven y atento a las músicas de los últimos cincuenta años. Su interés por las variables texturales y tímbricas se revela en unas interpretaciones wagnerianas en las que prevalece la claridad y la precisión, poniendo énfasis en una prosodia diáfana y un discurso confortable, que se adapta como un guante a la personalidad sonora de la OSG, y se beneficia -hasta donde ello es posible- de la temible acústica del Palacio de la Ópera. 

Todavía no sé si su Wagner me gustó o no, pero reconozco de buen grado que me ha dado motivos para una larga y grata reflexión sobre el asunto, lo cual es una de mis principales fuentes de placer. 

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