España - Madrid

Divas redivivas

Germán García Tomás
Reencuentro de Conxita Badia con Pau Casals en 1950, después de trece años separados por la guerra, el exilio y la dictadura
Reencuentro de Conxita Badia con Pau Casals en 1950, después de trece años separados por la guerra, el exilio y la dictadura © Fondo Conxita Badia-Biblioteca de Catalunya
Madrid, martes, 28 de abril de 2026.
Teatro de la Zarzuela. Divas: tres leyendas de la Edad de Plata. Raquel Lojendio (soprano: Conchita Badía), Silvia Vázquez (soprano: María Barrientos), Gemma Coma-Alabert (mezzosoprano: Conchita Supervía), Irene de Juan (entrevistadora). Obras de Enrique Granados, Joaquín Turina, Isidoro Hernández, Manuel Fernández Caballero, Maurice Ravel, Manuel de Falla, Federico Mompou, Alberto Ginastera, Eduard Toldrà, Joan Manén, Carlos Guastavino y villancico popular (Cant dels ocells). Susana Gómez, espacio escenográfico. Irene Alfageme, dirección musical y piano.
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Dentro de su ciclo de recitales y conciertos “Memoria y olvido”, habitualmente desarrollados en su ambigú, el Teatro de la Zarzuela ha llevado a su escenario el espectáculo teatralizado Divas: tres leyendas de la Edad de Plata, que ha querido homenajear y reivindicar las aportaciones artísticas de tres destacadísimas cantantes líricas de dicha etapa de la música española -tal y como la denomina el ámbito de la musicología académica-, hoy por hoy insuficientemente conocidas cuando no completamente desconocidas por el gran público: la soprano María Barrientos, la mezzosoprano Conchita Supervía y la soprano Conchita Badía.

Las tres con peripecias vitales y vocales de enorme calado. Las dos primeras, de muertes prematuras, triunfadoras indiscutibles como cantantes de coloratura en el ámbito del belcanto italiano y la ópera francesa, y la tercera, mucho más longeva, más orientada a las canciones españolas de concierto, tanto en catalán como en castellano, aunque tanto Barrientos como Supervía interpretaron música española durante toda su carrera con genuinas improntas, tal y como atestiguan la multitud de documentos fonográficos que se conservan, mucho más numerosos en el caso de esta última, de personalidad vocal muchísimo más acusada.

Aun así, el perfil biográfico de estas tres divas catalanas se articulaba en esta concepción teatral desde la óptica de la superviviente a las otras dos, o sea, Conchita Badía, a la que daba vida la soprano Raquel Lojendio, quien simulaba ser la entrevistada de excepción en un programa radiofónico de la década de los sesenta de la extinta Radio 2, la actual Radio Clásica de Radio Nacional de España, con lo que de esta forma se aprovechaba para conmemorar el 60 aniversario de la única emisora de FM en España que se lleva dedicando en exclusiva a la divulgación de la música clásica.

Su entrevistadora, la pianista y divulgadora musical Irene de Juan, precisamente informadora de Radio Clásica, recorría con adecuación periodística como locutora del hipotético programa -pese a los iniciales desajustes con la estruendosa megafonía que ahogaba su declamación y que provocó sonoras quejas de los espectadores- la carrera artística de Badía y ya en su senectud esta la rememoraba en primera persona, aludiendo a las otras dos cantantes y poniendo en contexto sus respectivas vidas, pero desde un ángulo más diagonal, lo que restaba equilibrio al espectáculo, pues el público salió del teatro conociendo muchos más datos biográficos de la Badía (determinante magisterio de Granados y Falla, su propia concepción del canto…) que de la Barrientos o la Supervía.

Pese a ello, el misterioso guion hablado que vehicula la dramaturgia es una mera excusa para elaborar un recital con un variado muestrario de canciones de diferentes autores. Y decimos misterioso porque desconocemos quién o quiénes han elaborado o colaborado en su elaboración: si la propia directora musical del recital, Irene Alfageme, o si Susana Gómez, que prestaba su idea del espacio escenográfico. En todo caso queda claro que las investigadoras pertenecientes al proyecto CREAMUS (Creadoras de la escena musical madrileña en la Edad de Plata) de la Universidad Complutense de Madrid (las doctoras Zoila Martínez Beltrán, Tatiana Aráez Santiago o Inmaculada Matía Polo), como especialistas en cada una de las tres figuras, han aportado valiosa documentación para la confección del concierto-espectáculo.

La soprano Silvia Vázquez, apoyada en un instrumento ligero y fresco, de justo vibrato y adecuado volumen y proyección, se hizo cargo de revivir a María Barrientos exhibiendo gracia sobre la escena con escasas partes habladas y cantando páginas como el brioso bolero Tiene fama Sevilla -toda una copla en sí misma- de la zarzuela infantil Artistas en miniatura con música y libro de Isidoro Hernández, o la complicada romanza Yo quiero a un hombre de la también zarzuela El cabo primero de Fernández Caballero con un encomiable manejo de la tesitura aguda y la enrevesada línea melódica de continuos saltos. Quizá con algo de languidez acometió la tonadilla El mirar de la maja de Granados.

Por su parte, la mezzo Gemma Coma-Alabert como la Supervía, magnífica actriz y cantante a partes iguales como lo demuestran sus participaciones regulares en el Teatro Real en papeles muy diversos, dotó de musicalidad a canciones en catalán de Toldrà como la hermosa Romanza de Santa Lucía -que Badía igualmente nos legó- o la más dramática Flecha de Manén desplegando toda su potencia vocal, y bordó con dicción irreprochable y sentido teatral su dificultoso monólogo de Concepción -entre recitado y cantado- de la ópera en un acto La hora española de Ravel, que estrenaría la propia Conchita a instancias del músico vasco-francés, quien estaba pensando en ella a la hora de darle ese nombre al personaje y preparar su personalísima y españolísima línea vocal.

Por último, la casi exclusiva protagonista del espectáculo, la soprano Raquel Lojendio, caracterizada realistamente como una anciana Conchita Badía, con su declamación clara supo dar énfasis y entonación creíbles al largo texto que se le adjudica, habiéndose constatado que escuchó con detenimiento las grabaciones radiofónicas de la propia soprano barcelonesa para encarnarla con admirable verosimilitud verbal.

En el plano vocal, la gran artista que es la canaria descolló elevando la función a niveles muy altos, como en La maja dolorosa 3 de Granados -que entonó oscureciendo la voz simulando madurez y acercándose al registro discográfico de las tonadillas y canciones amatorias con una Badía de casi 70 años junto a Alicia de Larrocha-. O el sentimiento que destinó a dos canciones de Ginastera, Triste y El árbol del olvido, donde pudimos apreciar la calidez y morbidez de su voz, ya suelta y liberada de la previa convención teatral, aunque la emocionada y enternecedora interpretación de la primera melodía le provocó unas lágrimas, siendo imposible que el respetable no pudiera contenerse para ovacionarla, por otro lado muy generoso en aplausos durante todo el recital. Para cerrar su participación en solitario, pudimos disfrutar de un par de canciones de Guastavino de los años cuarenta: La rosa y el sauce y la celebérrima Se equivocó la paloma, que vinieron a suscribir que la tinerfeña es una expresiva recitalista en un repertorio hispanoamericano que ya ha llevado al disco de manera sobresaliente.

Aunque cerca del final se aligera el texto, y por ello la entrevista, en pro de irse sucediendo las canciones una tras otra, como originalidad en la distribución musical hay que señalar que las tres cantantes se repartieron las fallescas Siete canciones populares españolas, una colección que las tres homenajeadas interpretaron en sus carreras y dejaron grabadas, siendo precisamente Lojendio la que brilló con hondura en las tres centrales, con unos tempi alargadísimos, especialmente para la reposada Nana, proporcionados por la directora musical y pianista del recital, Irene Alfageme, siempre sensible y atenta acompañante.

Como colofón, en este emotivo homenaje las tres leyendas de la lírica española resucitadas unieron postreramente sus voces y cogidas de las manos invocaron en dos ocasiones el inmortal canto de los pájaros en la lengua catalana de las homenajeadas, tan inmortal como el legado canoro de estas mujeres que el olvido no borrará jamás. 

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