España - Galicia

La república federal do Gongo

Vicente Salvá
Cadencia del Comandante Supremo
Cadencia del Comandante Supremo © 2026 by Vicente Salvá
Santiago de Compostela, viernes, 8 de mayo de 2026.
Auditorio de Galicia. Real Filharmonía de Galicia. Armando Merino, director. Maria Vicenza Cabizza: Infinito, Andrés Poveda: Aleaciones. Arsen Babajanyan: Pre-Fragments II. John Franek: Reactors. Mar Caballer Llopis: Deixar ser al buit. Humberto Díaz Galindo: Ciudades/restos de piel, luz y otros ruidos, Obradoiro De Composición RFG / Resis. Lab III, José Manuel López López, profesor de composición. Concierto de abono de la temporada 2025-26 de la RFG en colaboración con el Festival RESIS 2026. Aforo Auditorio de Galicia: 1006 butacas. Asistencia: 50 espectadores.
0,0004036

Uno sale de ciertos conciertos compostelanos con la sensación de haber asistido no a un evento musical, sino al XXX Congreso del Partido Único de la Metafísica Chirriante. Es que, de verdad… hay algo profundamente soviético en todo esto. No soviético de Shostakóvich, claro. ¡Ojalá!

Allí, RESIS, la Real Filharmonía de Galicia y demás camaradas parecen fundirse en una misma República Federal do Gongo, donde cada atril ha sido colectivizado, cada silencio nacionalizado y el gongo elevado a instrumento oficial del proletariado tímbrico.

Tengo olfato de sabueso para detectar el olor a Mao, a apéndice político caribeño y a cultureta neoprogresista.

Huelo, incluso antes de que empiece el concierto, esa fábrica de camaleones capaces de cambiar de doctrina según quién reparta la subvención.

No es fácil explicar lo que ocurre en un concierto de esas características. En algún momento aparecen incluso los músicos —todo hay que decirlo—, intentando liberarse de la explotación histórica de la melodía burguesa clásica y dispuestos a hacerse la autocrítica por ello. Después, algún percusionista de refuerzo golpea una chapa metálica con la concentración mística de quien intenta abrir una lata de fabada en pleno retiro espiritual.

Luego llega el momento más incómodo: nadie escucha. Acuden cincuenta personas a un auditorio de mil seis butacas, en un concierto que repito: forma parte de la programación de la RFG de esta misma temporada, cuando la orquesta cumple treinta años de existencia. Pues sí: cincuenta espectadores reunidos entre tres instituciones: RESIS, RFG y el Auditorio de Galicia. Quien dice cincuenta dice sesenta. El día 8 de mayo, quedó patente que la Revolución Chirriante aún no es capaz de movilizar a las masas.

Ahí reside uno de los grandes misterios del socialismo sonoro: donde cualquier persona que sepa contar vería una entrada absolutamente ridícula, ¿cincuenta, eh? ellos detectan una heroica minoría resistente luchando contra la hegemonía melódica clásica.

Todo viene arropado por ese lenguaje woke que convierte cualquier ruido en una insurgencia estética: «romper los límites», «subvertir el canon», «resignificar la escucha», «memoria corporal del ruido».

Pero ¡ojo! Ninguna revolución sonora se improvisa. Hace falta dirección técnica, colaboración, coorganización y, naturalmente, un camarada supremo capaz de recitar de memoria un sermón de tres páginas sobre la relación dialéctica entre una flauta travesera y una regadera proletaria.

Porque, oigan ustedes… una flauta, correctamente deconstruida, no deja de ser una regadera vertical al servicio del materialismo acústico. Un instrumento de vigilancia cuya humedad ideológica mantiene convenientemente irrigada la disciplina colectiva.

Esa flauta que siempre está dispuesta a transmitir la doctrina de la partitura oficial. Tomando nota de quién desafina o de quién no muestra suficiente compromiso con la nueva estética de la revolución sonora. La misma de la epístola navideña manuscrita en el backstage, donde la tinta circula, las firmas obedecen a ciegas y la burocracia del miedo entona su villancico envenenado para un coro de treinta y dos voces más una.

Todo eso parece muy serio. Todo muy contemporáneo. Todo muy muerto.

Y, sin embargo, uno termina cediendo. Porque, después de hora y media de pedagogía revolucionaria del chirrido y percusión agraria, cualquier ciudadano razonable acepta casi cualquier cosa con tal de evitar que maese Hugo, profeta del estrépito, vuelva a acercarse a nuestro Fazioli con intenciones transformadoras irreparables.

Y, sin embargo, cuando toda la ironía termina, y el último chiste cae al suelo, quedan ellos.

Los Músicos. Siempre los Músicos.

Los que llegan temprano, cuando Compostela todavía bosteza bajo la lluvia. Los que abren el estuche en silencio. Los que afinan a oscuras entre bambalinas, mientras Paco coloca el último atril sobre el escenario vacío, que conserva ese eco triste de las grandes noches de antaño que ya nadie sabe nombrar.

Porque ahí están todos.

El violinista exhausto que todavía persigue una frase hermosa entre toneladas de teoría cultural. El sofisticado fagotista, en el ocaso de su carrera, que estudió durante toda una vida y que debido a las indicaciones descarriadas de las partituras teme terminar soplando por la campana, no por la caña. El apenado percusionista que golpea piedras porque alguien le convenció de que quizá aún queda verdad escondida entre los restos de las piedras filosofales.

Y uno los mira. Y, de pronto, desaparece toda la caricatura soviet-caribeña, todo el chirrido ideológico contemporáneo. Porque sobre las sagradas tablas del escenario no hay políticos ni camaradas del gongo. Hay seres humanos. Músicos únicos.

Artistas que entregaron la vida entera a una disciplina feroz y solitaria. Niñez de escalas. Juventud espartana de conservatorio. Trenes. Frío. Ensayos. Hoteles. Fracasos. Audiciones y concursos perdidos por una sola nota desafinada. Décadas enteras persiguiendo la música como los poetas persiguen las quimeras.

Y ahora siguen ahí. Los Músicos.

Sentados frente a cincuenta personas dispersas en un auditorio gigantesco, defendiendo con dignidad partituras firmadas, en ocasiones, por auténticos impostores, vendedores de humo atonal.

Porque quizá el verdadero drama no sea RESIS. Ni la RFG. Quizá el verdadero drama sea otro.

Que en algún momento todos empezaron a fingir. El público, fingiendo comprender. Los programadores, fingiendo convocar una revolución. Las instituciones, fingiendo llenar el vacío. Los críticos, fingiendo entusiasmo. Y los propios músicos, a veces, fingiendo que aquello seguía teniendo sentido. Yo mismo, fingiendo que esto va a pasar pronto y que a ellos, a los Músicos, no les va a pasar nada. Pido perdón.

Y aun así salen al escenario.

Los Músicos.

Vestidos de negro. Vestidos de luto. Con cansancio. Con oficio. Con orgullo y derrota, que solo conocen quienes han dedicado la vida a algo tan hermoso y tan inútilmente bello como la Música.

Y entonces uno ya no puede reírse. Porque debajo de toda esta República Federal do Gongo, debajo de toda la propaganda acústica contemporánea épica pagada de nuestros propios bolsillos, lo que sigue resistiendo no es la ideología.

Son ellos. Los Músicos.

Que acuden cada noche a una casa cuya respiración ya no coincide con la suya. Caminan como si atravesaran los corredores húmedos de una memoria ajena.

Y, sin embargo, siguen llegando al escenario. Los Músicos.

Con la obstinación silenciosa de los supervivientes. A veces da la impresión de que el Auditorio ya no les pertenece del todo. Su viejo hogar está tomado por okupas del ruido. Los Músicos pasean entre esas ruinas sin hacer preguntas, sin interrumpir demasiado, llevando todavía en las manos el peso sagrado de los instrumentos.

Y entonces afinan. Y entonces respiran juntos. Y entonces, durante unos segundos, algo vuelve a abrirse dentro de la oscuridad. No una victoria. Ni siquiera una esperanza. Apenas una frágil vibración humana resistiendo entre los escombros. Algo parecido a la dignidad.

Tal vez los camaradas tengan razón. Tal vez el futuro de la música estaba escondido dentro de una regadera. O quizá simplemente había una regadera.

Yo, delante de una regadera, no me podría reverenciar. Delante de ellos, sí. Delante de Los Músicos. Mis Músicos. Nuestros Músicos.

Este artículo está dedicado a todos aquellos músicos que dejaron parte de su vida sobre el escenario del Auditorio de Galicia, y también a quienes, siquiera fugazmente, pasaron por aquí. Algunos ya no están. Otros ―por puro capricho de los actuales visionarios― no han vuelto jamás. Pero volverán un día, cuando la peste decamerónica de los camaradas se disipe y se lleve consigo el humo que nunca consiguieron vender.

Por todos y cada uno de esos Músicos:

Adriana Winkler, Anca Smeu, Ildikó Oltai, Anna Alexandrova, Ilya Fisher, Victoria Jurov, Daniel Kordubaylo, Yulia Petrushevskaya, Michal Ryczel, Grigori Nedobora, Nikolay Velikov, Samira Ajkic, Irina Gruia, Kiyoko Ohashi, Enrique Roca, Helena Sengelow, Elina Viksne, Gyula Vadaszi, Natalia Madison, Ionela Ciobotaru, Oxana Bakulina, Iriana Fernández, Timur Sadykov, Anne Schlossmacher, Barbara Switalska, Millán Abeledo, Carlos García, Thomas Piel, Manuel Lorenzo, Carlos Méndez, Alfonso Morán, Luis Soto, Christina Dominik, Esther Viúdez, Beatriz López, Vicente López, Juan Carlos Otero, Manuel Veiga, Jordi Ortega, Alfredo Varela, Xavier Ramón, Javier Simó, Ramón Llátser, José Vicente Faus, Mariluz González Domínguez, Esther Calvo Vázquez, Aurora Díaz Varela, María del Carmen Lorenzo Vizcaíno, Francisco Fernández Vázquez, Juan Ramos Martínez, Plamen Velev, Claudio Guridi, Palmira Martínez, Manuel Juan, Helmuth Rilling, Maximino Zumalave, Antoni Ros-Marbà, Paul Daniel, Thomas Zehetmair, Frank Peter Zimmermann, Maxim Vengerov, Baiba Skride, Ilya Kaler, Vadim Repin, Kolja Blacher, Alena Baeva, Rosanne Philippens, Patricia Kopatchinskaya, Alina Pogostkina, Chloë Hanslip, Amaury Coeytaux, Daniel Hope, Robert Lakatos, Svetlin Roussev, Elinor D’Melon, Matthieu Arama, Enrico Onofri, Dmitri Sitkovetsky, Mstislav Rostropóvich, Mischa Maisky, Natalia Gutman, Lluís Claret, Enrico Dindo, Pablo Ferrández, Alicia de Larrocha, Tzimon Barto, Jeffrey Kahane, Rudolf Buchbinder, Robert Levin, Joaquín Achúcarro, Katia Labèque, Marielle Labèque, Elisabeth Leonskaja, Mihaela Ursuleasa, Eldar Nebolsin, Javier Perianes, Fazıl Say, Nelson Freire, Luis Fernando Pérez, Alexandra Dariescu, Sofya Melikyan, Claire Huangci, Jorge Federico Osorio, Maria João Pires, Lars Vogt, Teresa Berganza, Thomas Quasthoff, Matthias Goerne, Pene Pati, María José Pérez, Jean-Claude Gérard, Abraham Cupeiro, Sabine Meyer, Pacho Flores, Carlos Núñez, Cristina Pato, Paquito D’Rivera, Silvia Caredu, Eric Terwilliger, Cuarteto Quiroga, Enrique Solinís, Håkan Hardenberger, Frans Brüggen, David Afkham, Juanjo Mena, Josep Pons, Edmon Colomer, Alberto Zedda, Rudolf Barshai, Jesús López Cobos, Manuel Hernández-Silva, Maxim Emelyanychev, Christoph Poppen, Navarro García, Michal Nesterowicz, Antoni Wit, Michail Jurowski, Krzysztof Penderecki, Hansjörg Schellenberger, Clemens Schuldt, Enrico Onofri, Fernando Buide, Juan Durán, Eduardo Soutullo, Octavio Vázquez, Rogelio Groba, Claudio Monteverdi, Jean-Baptiste Lully, Arcangelo Corelli, Antonio Vivaldi, Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel, Jean-Philippe Rameau, Domenico Scarlatti, Christoph Willibald Gluck, Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Luigi Cherubini, Carl Maria von Weber, Franz Schubert, Gioachino Rossini, Felix Mendelssohn, Frédéric Chopin, Robert Schumann, Hector Berlioz, Franz Liszt, Richard Wagner, Giuseppe Verdi, Johannes Brahms, Anton Bruckner, Bedřich Smetana, César Franck, Camille Saint-Saëns, Antonín Dvořák, Modest Mussorgsky, Nikolái Rimski-Kórsakov, Piotr Ilich Chaikovski, Edvard Grieg, Gabriel Fauré, Giacomo Puccini, Gustav Mahler, Claude Debussy, Richard Strauss, Jean Sibelius, Serguéi Rajmáninov, Maurice Ravel, Alexander Scriabin, Carl Nielsen, Arnold Schoenberg, Igor Stravinsky, Béla Bartók, Sergei Prokofiev, George Gershwin, Heitor Villa-Lobos, Manuel de Falla, Alban Berg, Anton Webern, Paul Hindemith, Dmitri Shostakóvich, Aram Khachaturian, Benjamin Britten, Francis Poulenc, Olivier Messiaen, Samuel Barber, Aaron Copland, Leonard Bernstein, Witold Lutosławski, György Ligeti, Krzysztof Penderecki, Pierre Boulez, Henri Dutilleux, Alfred Schnittke, Sofia Gubaidulina, John Adams, Arvo Pärt, Philip Glass, Steve Reich, Kaija Saariaho, Thomas Adès.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora