España - Andalucía

El sonido de la English Chamber

José Amador Morales
Roberto Forés-Veses
Roberto Forés-Veses © Foto cedida por RFG
Úbeda, sábado, 16 de mayo de 2026.
Auditorio del Hospital de Santiago. Juan Crisóstomo Arriaga: Los esclavos felices, obertura; Ludwig van Beethoven: Concierto para piano nº4 en Sol Mayor, op.58; Sinfonía nº4 en Si bemol Mayor, op.60. Domenico Codispoti, piano. English Chamber Orchestra. Roberto Forés, dirección musical.
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El Festival Internacional de Música y Danza de Úbeda continúa consolidándose como una de las citas culturales más relevantes del panorama musical andaluz. La inteligente combinación entre patrimonio monumental, amplitud estilística y presencia de intérpretes de prestigio internacional ha permitido al certamen construir, con el paso de los años, una personalidad artística propia, alejada tanto del mero reclamo turístico como de la programación convencional. En ese contexto, el Auditorio del Hospital de Santiago vuelve a erigirse como uno de los grandes activos del festival: un espacio de sobria monumentalidad renacentista, dotado de una acústica algo irregular pero más agradecida de lo que cabría esperar dada la considerable altura de las bóvedas. 

La presencia de la English Chamber Orchestra añadía además un evidente peso histórico en lo que constituía la segunda cita de la presente edición. Considerada una de las grandes agrupaciones británicas del último siglo, la formación mantiene intacta la tradición de refinamiento, flexibilidad y precisión estilística que la convirtió en referencia internacional junto a figuras como Benjamin Britten, Daniel Barenboim o Mstislav Rostropovich. Bajo la dirección de Roberto Forés, la orquesta afrontaba además el final de su gira española, tras pasar por Castellón, Pamplona y San Sebastián, circunstancia que terminó impregnando el concierto de un cierto aire de celebración y despedida.

Compuesta en 1820, la obertura de Los esclavos felices, de Juan Crisóstomo Arriaga, abrió el programa revelando la extraordinaria intuición melódica y el precoz dominio orquestal del llamado “Mozart español”. Forés puso de relieve la brillantez inherente a la partitura con una lectura clara y dinámica, extrayendo de la cuerda una sonoridad luminosa y compacta.

Muy distinta fue la atmósfera del siempre imponente Concierto para piano nº4 de Ludwig van Beethoven, indiscutiblemente una de las obras más revolucionarias del repertorio concertante romántico. Desde la célebre entrada inicial del piano, casi íntima y reflexiva, Domenico Codispoti apostó por una lectura sobria y profundamente musical, alejada del mero efecto virtuoso. Con una pulsación elegante dotada de gran limpieza técnica, bien que un tanto ayuna de incisividad y mordiente, el pianista italiano encontró un adecuado soporte en una orquesta particularmente atenta al equilibrio dinámico y a la respiración conjunta del fraseo. El segundo movimiento, a manera de diálogo dramático entre solista y orquesta, ofreció algunos de los momentos más intensos de la noche gracias al poderoso contraste entre el lirismo etéreo del solista y la densidad del tejido orquestal.

Como propina, Codispoti ofreció la Improvisación n.º 15 en do menor “Homenaje a Édith Piaf” de Francis Poulenc, resuelta con refinamiento tímbrico y un atinado aire melancólico.

Situada entre la monumentalidad de la Heroica y el dramatismo de la Quinta, aunque dotada de una personalidad plenamente propia, la Sinfonía nº4 Beethoven ocupó la segunda parte del programa. La batuta construyó una interpretación especialmente ágil y transparente, atenta tanto al dinamismo rítmico de la obra como a sus proporciones clásicas. La introducción lenta del primer movimiento, cargada de tensión antes de desembocar en un Allegro vivace de notable impulso, articuló un discurso de acusados contrastes y contundentes ataques del tutti, puntualmente algo enfático, que caracterizaron el conjunto de la versión.

Tras los aplausos, y como despedida de una gira española concluida precisamente en Úbeda, la English Chamber Orchestra regaló al público una delicada lectura de Salut d’amour de Edward Elgar, cálida y elegante culminación para una noche de impecable clasicismo.

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