España - Galicia

Paralelismos

Esteban Batallán
Esteban Batallán © RFG
Santiago de Compostela, jueves, 21 de mayo de 2026.
Auditorio de Galicia. Esteban Batallán, trompeta. Real Filharmonía de Galicia. Zoe Zeniodi, directora. Britta Byström: Parallel Universes; Johann Nepomuk Hummel: Concierto para trompeta en Mi bemol mayor; Nuria Núñez Hierro: Sismos; Arthur Honegger: Sinfonía nº 2, H 153. Ocupación: 90%
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La sala casi llena esta noche, a pesar de un cartel con obras complicadas. El motivo es simple: tocaba el pontevedrés Esteban Batallán (Barro, 1983), actual primer trompeta de la Orquesta Sinfónica de Chicago (ocupa la plaza del mítico Adolph “Bud” Herseth) y músico ligado a la Real Filharmonía de Galicia desde sus tiempos de estudiante. De manera que cuenta con una parroquia muy fiel en Santiago (fiel, y algo despistada, porque buena parte del público desertó en la segunda parte del concierto y se perdió la última intervención de Batallán).

El título genérico del concierto de hoy era “Universos paralelos”, tomado de la pieza homónima de la compositora sueca Britta Byström (Sundsvall, 1977), estrenada en 2021 y que por primera vez se tocaba en España. Según reza el programa, la autora “propone traducir en música teorías cosmológicas sobre las realidades paralelas”. Normalmente suelo huir de cualquier inspiración programática en la música actual, porque en la mayoría de los casos no deja de ser una mera excusa inconexa con lo que se escucha. Esta vez, sin embargo, sí me pareció que la música estaba relacionaba con lo que se pretendía.

En sus casi quince minutos de duración, Parallel Universes presenta un muy atractivo polvo de estrellas. Escrita para una orquesta de plantilla clásica (con el único extra de un arpa y un solo refuerzo en la percusión) y empleando un lenguaje moderno pero accesible, la pieza discurre en tiempo animado de principio a fin, sin grandes contrastes sonoros pero con una continua sutileza tímbrica que sugiere una órbita astral que acaba por hipnotizar al oyente.

Al acabar la interpretación -que me pareció impecable- Zoe Zeniodi (Atenas, 1976) animó al público para que no dejara de aplaudir mientras hacía saludar a todos y cada uno de los primeros atriles de la orquesta -y a todas sus secciones-, aclarando -en un correctísimo castellano- que, si bien esto se suele hacer al final de los conciertos, en este caso su adelanto estaba justificado porque precisamente la pieza que se acababa de tocar exige la intervención individual de todos los músicos.

El Concierto para trompeta de Hummel es seguramente la única obra de su autor que se mantiene en el repertorio, porque tampoco hay tantos conciertos para ese instrumento, y sobre todo porque es una pieza que siempre entusiasma a quien la toca y a quien la escucha. Batallán se la sabe del revés y la toca con una seguridad pasmosa: se queda uno maravillado ante la afinación perfecta, la precisión milimétrica en los trinos, y un control extraordinario de las dinámicas. Adenás, Zeniodi y la orquesta acompañaron con elegancia -y sin demasiadas veleidades historicistas-, de modo que la ovación estaba más que asegurada.

Aquí el paralelismo lo encuentro entre el Andante de este concierto y el archifamoso Andante del Concierto nº 21 de Mozart: la parte orquestal es idéntica, a pesar de los veinte años que separan al uno del otro. Por eso agradezco a quien tuviera la idea de dar como propina la no menos famosa aria “Der Hölle Rache” de La Flauta mágica en arreglo para trompeta y orquesta. Feliz idea y feliz realización. 

Según la compositoria Nuria Núñez Hierro (Jerez de la Frontera, 1980) el “cometa” de hoy se titula Sismos en recuerdo de las tremendas inundaciones que sufrió la localidad gaditana de Grazalema este pasado invierno. La autora se ganó al público cuando explicó que ella no es quien para hablar de lluvia a los gallegos; no tanto tras escuchar la pieza que, merced a su sonido bisbiseante, me sonó a una pequeña humedad en la pared. El paralelismo residió -por enésima vez- en el recurso al soplido vacío de los metales.

Paralelismos, todos, entre la Segunda Sinfonía de Arthur Honegger y las Metamorfosis de Richard Strauss: ambas composiciones encargadas y estrenadas en el espacio de cuatro años (1942-1946) por el filántropo suizo Paul Sacher, ambas escritas para orquesta de cuerda, y ambas derivadas de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, difieren en el lenguaje y en su expresividad: mientras Strauss no sale del lamento y la resignación, Honegger va de la desolación del primer movimiento hasta una cierta esperanza en el último, pasando por la angustia desgarradora en el Adagio (preludio, a mi entender, del cataclismo de la Sinfonía “Litúrgica” ). 

Zeniodi -con gesto enérgico y pulso incansable- sacó lo mejor de las cuerdas de la Real Filharmonía: qué profundidad en el tema recurrente de las violas al comienzo, qué empaste y qué sonido grande del conjunto en el clímax de la obra, y qué atrevimiento para llevar al límite el tiempo en el final evitando cualquier borrón sonoro. Y sí, ese tercer movimiento contiene en su conclusión un pequeño coral para trompeta que Batallán dio con poderío desde el palco central del auditorio. Que vuelva pronto, y Zeniodi también. 

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