Si la música tiene un poder es el de evocar. Sería esta la característica que Ros Marbà nos regaló con su batuta en las tres obras del s. XX que integraban este programa.Entre dos obras dedicadas a la danza, quedó encorsetado en cierto modo el Concierto para piano y orquesta (1997) de Graciane Finzi (Casablanca, 1945), compositora marroquí de formación francesa. Prolífica en obras y géneros, aunque desconocida por estos lares, hizo una carta de presentación interesante, siendo más sugerente en timbres y planos sonoros orquestales que no estructuralmente. En un lenguaje entre minimalista y bastante repetitivo, de búsqueda de tensiones a base de largos clusters, conseguía mostrar la idea de soledad del hombre actual, pero no de una manera dura ni irresistible, sino que poseía a la vez esa sombra de romanticismo y esperanza que convierte…
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