Iconografía y organología

Pianos para todos. Sirius 6.0. Bechstein

Efraín González
Piano Sirius 6.0 de teclas estrechas Piano Sirius 6.0 de teclas estrechas © 2025 by Bechstein
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A los pocos segundos de comenzar a tocar el Estudio Op. 25 n.º 1 de Chopin, la pianista de concierto Christine Gerwig rompió en llanto. Fue un shock.

Se trata del teclado Sirius 6.0. Aunque ya existen un par de pianos en el mundo con este teclado más estrecho para manos pequeñas, la fábrica de pianos Bechstein, de Alemania, construyó un prototipo: el único en el mundo con calidad de primer nivel, al igual que todos sus pianos.

Ayer fuimos desde Bonn hasta Núremberg para poder tocar el piano, el cual se encuentra en la tienda Bechstein de esa ciudad. Fuimos mi esposa Christine, mis hijos Valeria y Alejandro, el técnico y experto en construcción, reparación y afinación de pianos Torsten Röhre y yo, Efraín González.

Los cuatro en nuestra familia tenemos manos pequeñas y, aun así, somos pianistas. Tanto Christine como yo nos graduamos de la carrera de piano en la Universidad Mozarteum de Salzburgo, pero desde nuestra infancia el tema de tener manos pequeñas ha sido constante. Siempre ha sido difícil tocar el piano, desde que éramos niños. Ahora nuestros hijos sufren de lo mismo.

De hecho, mi esposa y yo decidimos formar un dúo de piano en lugar de tocar como solistas: la nota que uno no puede tocar, la toca el otro.

Christine fue la primera en sentarse al piano. Es muy difícil tratar de describir el sentimiento con palabras. Cuando tocaba fácilmente en este nuevo teclado un estudio de Chopin, el cual en un teclado de tamaño normal no era posible para ella, le llegaron a la mente los cuarenta y dos años de sufrimiento al aprender a tocar desde niña, durante sus estudios en la universidad y sus años como pianista concertista profesional. Todo por un solo motivo: tener manos pequeñas. Tuvo que dejar de tocar para poder llorar. Yo también tenía lágrimas en los ojos y Torsten, el técnico, también. Fue desgarrador.

Christine dijo llorando: «Hubiera sido tan fácil…».

Y efectivamente, hubiera sido tan fácil para ella aprender a tocar e incluso haber llegado a tener una carrera internacional. Con su talento, por supuesto que lo hubiera logrado. Pero resulta que, en 1880, el patriarcado, los empresarios y los constructores de pianos decidieron que el estándar del teclado debería ser de 6.5 pulgadas por octava. No existe una razón válida de por qué tengan que ser forzosamente 6.5. Estas medidas, decididas en ese entonces, han sido las causantes de cientos de miles de personas frustradas por todo el mundo desde hace ciento cuarenta años.

En tiempos de Mozart, Beethoven e incluso Chopin, los teclados eran más estrechos y los pianistas no tenían necesidad de abrir la mano exageradamente para poder tocar una octava con los dedos uno y cinco. Por ejemplo: de do a do (pasando por las notas re, mi, fa, sol, la y si).

Este maravilloso teclado estrecho de 6.0 por octava le permitió a Christine poder tocar como ella siempre hubiera querido. Por fin pudiendo interpretar lo que está escrito en la partitura; por fin sin cansancio; por fin sin dolor.

Para los que tenemos manos pequeñas, siempre es un reto y un esfuerzo tocar en un piano con medidas «normales». Abrir la mano con esfuerzo para poder alcanzar octavas y acordes es odioso. Los pianistas con manos grandes no tienen estos problemas. Ellos tocan una octava como nosotros tocamos una séptima (y a veces una sexta). Ellos ni se imaginan por lo que pasamos los de manos pequeñas. Horas y horas de estudio que llevan a cierto resultado al cual uno llegaría mucho más rápido con manos grandes.

Obviamente hay que ser buen pianista, buen músico y tener buena técnica, pero en el piano el tamaño de las manos ha sido algo esencial.

En casi todos los demás instrumentos hay diferentes tamaños. Los niños pueden comenzar a tocar el violín desde pequeños con un violín pequeño y, mientras van creciendo, va cambiando el tamaño del instrumento. Con el piano esto ha sido imposible debido a los altos costos de producción, a que los pianos, por su peso y volumen, son difíciles de transportar y, sobre todo, por la indiferencia de los constructores de pianos y por la mentalidad —o el miedo— de pensar que no habría mercado para pianos con diferentes tamaños.

¡Esto tiene que cambiar! Creo que es hora de que haya una revolución en la industria del piano y de que cambie la historia.

Visto desde el punto de vista estrictamente comercial, hay más personas en el mundo con manos pequeñas que con manos grandes. Si los teclados fueran más estrechos, más gente tocaría piano. Quizás, si lo hubieran decidido de otra manera desde 1880, habrían ganado mucho más dinero con la fabricación de pianos de lo que han ganado hasta ahora.

Las fábricas de pianos actualmente están en crisis y creo que la salvación y el futuro del piano están en el teclado 6.0, que es mucho más cómodo para la mayoría de las personas.

No podemos dejar de mencionar que las mujeres y los niños han sido los más discriminados. En los concursos internacionales de piano, la mayoría de los finalistas son hombres y la mayoría de los pianistas famosos son hombres con manos grandes. ¿Cuántas mujeres talentosas pasaron desapercibidas en la historia por el mero hecho de haber tenido manos pequeñas para las medidas establecidas del piano?

¿Por qué demonios las mujeres no pueden tener el derecho de tocar en teclados cómodos y hacer música al mismo nivel que los hombres? Siempre se ha partido de la idea de que: «Si quieres algo más cómodo, pídele dinero a tu marido y a ver si te lo compra, y paga más que los demás».

Y por si fuera poco: a los pianistas con manos pequeñas se nos ha visto con lástima, como si fuéramos paralíticos.

Según un estudio hecho por Rhonda Boyle y Erica Booker (Sydney), PASK (Pianists for Alternatively Sized Keyboards), el 87% de las mujeres y el 24% de los hombres tienen manos demasiado pequeñas para el repertorio pianístico. Sobre todo el repertorio de compositores con manos grandes como Liszt, Chopin, Brahms o Rachmaninov.

Pues llegó mi turno de sentarme al piano y toqué la Barcarola de Chopin. Después de aguantarme el llanto, también me llegó el sentimiento de que así de fácil como se sentía tocar, así debió haber sido siempre.

Así como yo siempre quise ser alto y ver el mundo desde arriba, poder coger el pasamanos del autobús tan solo subiendo el brazo y no, como aquí en Alemania, parándome de puntitas para poder alcanzarlo, viajando casi colgado.

¿De qué me sirve tener un lujoso auto deportivo si mis piernas son tan cortas que tan solo puedo pisar el acelerador hasta la mitad y, para pisarlo hasta el fondo, tengo que dejar de ver la calle?

Después tocó Valeria, que acaba de cumplir diecisiete años. A los catorce tuvo que decidir estudiar violín porque sus manitas no iban a alcanzar para poder estudiar piano de manera profesional. Eso lo supimos desde que ella tenía seis años. Por eso, cuando de niña dijo que quería tocar otro instrumento aparte del piano, la apoyamos para que aprendiera violín.

Ya sabíamos que ella nunca iba a llegar a tener manos grandes y, con todo lo que nosotros hemos sufrido a lo largo de nuestra carrera, quisimos evitarle el estrés y la frustración.

Valeria tocaba piano desde los tres años y a los cuatro ya interpretaba piezas complicadas. A los trece ganó varios concursos en Alemania, pero llegó a la edad en la que se quiere y se debe tocar repertorio virtuoso para ganar concursos, y ahí fue donde comenzó la pesadilla.

Fueron varios años de lágrimas hasta que por fin se tomó la decisión de seguir con el piano como hobby y dedicarse al violín profesionalmente.

Valeria tocó la tercera balada de Chopin. Estaba muy feliz de que por fin pudiera tocar todas las notas, a la velocidad deseada y sin errores, cansancio ni dolor. Pero, al mismo tiempo, con la conciencia de que era solamente ese día y en ese piano. Al igual que Christine, lloró amargamente y las dos se abrazaron.

Es como tener que aceptar que el amor imposible que tuviste una vez nunca va a llegar y que tan solo lo viste hoy por un día. Qué bonito hubiera sido…

Alejandro, quien acaba de cumplir diecinueve años, se sentó al piano y, aunque él también tiene las manos pequeñas, del mismo tamaño que las mías, no son tan pequeñas como las de Valeria o Christine; además, son más robustas.

Tocó magistralmente el cuarto Scherzo de Chopin, probó el principio del Carnaval de Schumann y después el tercer concierto de Rachmaninov. Aunque para Alejandro el tema de las manos pequeñas no es un caso de vida o muerte, en un piano como este de 6.0 le salían los pasajes del concierto de Rachmaninov al nivel de cualquiera de los pianistas famosos con manos grandes.

En un teclado «normal» de 6.5 sí le cuesta trabajo. Él mismo dijo que el concierto sigue siendo difícil y que hay que tocar bien de todas formas, pero el cansancio es mucho menor y se pudo haber aprendido ese concierto en mucho menos tiempo.

Por cierto, Rachmaninov dedicó su tercer concierto a Josef Hofmann, quien nunca interpretó el concierto públicamente debido a sus manos pequeñas, y él mismo encargó teclados mas estrechos y viajaba con su piano en sus giras.

Los cuatro regresamos a casa con ganas de nunca más volver a tocar un piano con un teclado normal (hay que cambiar la palabra „normal“ por „estandarizado“)

Pero ni modo de dejar de ser pianistas, ni modo de esperar a que la industria cambie y sea normal que en todas las salas de concierto haya pianos de 6.0 o, por lo menos, la opción de elegir entre uno de 6.5 y uno de 6.0.

Pueden pasar cinco años o pueden pasar cincuenta… No sé si voy a vivir para verlo, pero es un hecho que es ahora cuando todo esto tiene que cambiar.

La fábrica Bechstein puede producir los pianos y, de hecho, cualquier otra fábrica también podría. Lo único que tiene que cambiar es la mentalidad.

Necesitamos apoyo mediante subsidios del gobierno, instituciones que los compren y pidan a las fábricas la producción de estos pianos para que se pueda abrir el mercado. Los concursos internacionales también tienen que apoyar.

Y no solamente tiene que cambiar el mundo de las salas de concierto y las universidades; también el ámbito privado. Los pianistas amateurs en sus casas estarían maravillados de poder tener un piano así. No todos quieren dar conciertos.

Incluso, no todos los niños serán pianistas ni tienen padres que busquen para ellos una carrera profesional. La gran mayoría tan solo busca escuchar música en casa y, para esto, da lo mismo un teclado de 6.5 que uno de 6.0 o incluso de 5.5 o de 5.0, ya que también existen prototipos de otras marcas con estas medidas.

Si los niños tuvieran acceso a este tipo de teclados, avanzarían más rápido con la técnica y el repertorio, como ocurre con los violinistas.

Existen miles y miles de estudiantes de piano sufriendo y batallando para aprender a tocar a un alto nivel. Y por si fuera poco, por culpa de las redes sociales, todos quieren alcanzar el nivel de Lang Lang, Yuja Wang o Martha Argerich, quienes tienen manos grandes y son una excepción en el caso de las mujeres.

Miles de niños lo hacen por amor a la música y otros tantos miles, obligados por sus padres. Eso varía de un país a otro, pero al final todos están en la misma situación: tienen manos pequeñas, y alcanzar altos niveles con manos pequeñas es casi imposible.

Hay dos opciones: o estudian muchísimo arriesgando su salud e ignorando el dolor, o únicamente sobresalen los niños con manos gigantes, como fue el caso del pianista Evgeny Kissin, quien a los doce años comenzó su carrera internacional, siendo el tema de las manos algo desconocido para él.

Qué bonito es poder concentrarse netamente en la música y no estar tratando de ver cómo hacer para que salga tal o cual escala, tal o cual acorde y tal o cual pasaje de octavas…

Y no se trata solamente del pianista y de su sentimiento personal o su comodidad anatómica al tocar, sino también del público: ya sea únicamente la abuelita o una sala llena, mientras mejor pueda interpretar el pianista, mejor será la calidad de la música para todos los que escuchen.

Deseo con todo mi corazón que este artículo llegue a las personas indicadas y logremos conseguir apoyo de todo tipo. Miles de pianistas están en nuestra misma situación, todos resignados desde siempre a que así es el mundo y a que «qué se le va a hacer».

A mí me decían cuando era adolescente que yo no tenía dedos para ser pianista. ¿Y quién demonios dice que para ser pianista tienes que tener los dedos así o asá? ¡El piano es el que se debe adaptar a mí, no yo al piano!

El ser humano no debe servir a la música. La música debe servir al ser humano.

El instrumento debe ser creado según mis necesidades con el fin de llevar al oyente el arte más depurado posible.

¿Cómo no va a poder cambiar la industria y la sociedad?

La gente compra lo que le den, lo que le ofrezcan, ya sean pianos viejos e inservibles o teclados electrónicos modernos de mil formas y colores. La gente entra a una tienda de pianos sin idea de lo que quiere comprar.

¿Qué más da si es un teclado de 6.5 o de 6.0?

Con el de 6.0 tendrían más calidad de ejecución, de aprendizaje y de diversión. Pero no lo saben, y quizás hasta les da lo mismo.

Productores: no tengan miedo de revolucionar y cambiar un estándar creado hace siglo y medio por unos cuantos que, en su época, solo veían por sus propios intereses.

Aunque el símbolo de poder sigue siendo el hombre alto, fuerte y de manos grandes, el mundo cambia y el invento del piano ha sido uno de los más maravillosos de la historia.

Ya es tiempo de que sea aún más accesible para todos.

Cabe mencionar que este prototipo de Sirius 6.0 de Bechstein es fruto de la iniciativa de la HMDK Stuttgart (Universidad de Música y Arte Dramático), de Ulrike Wohlwender y Silvia Molan (2020), con apoyo de Rhonda Boyle y Erica Booker (Sydney), PASK (Pianists for Alternatively Sized Keyboards), del constructor de pianos David Steinbuhler (Pensilvania), de la Prof. Dr. Carol Leone (Southern Methodist University, Dallas), de Hannah Reinmann, del Stretto Piano Festival en Estados Unidos, y de Steingraeber y August Förster.

Ya estamos en pláticas con Bechstein para estudiar las opciones de una posible producción en serie de este teclado. Es increíble lo rápido que se está analizando este proyecto. En las últimas 48 horas ha habido tanto movimiento como no lo hubo en muchísimo tiempo.

Agradecemos infinitamente a Bechstein y a nuestro técnico Torsten por su apoyo, su interés y por romper, por fin, con la indiferencia que la industria del piano mostró durante más de un siglo.

Estoy seguro de que juntos reescribiremos la historia.

Nos encantaría recibir llamadas y correos de pianistas, profesores, instituciones, estudiantes, empresarios y cuantos se interesen en este maravilloso proyecto.

pianoduo@gerwig-gonzalez.com

De igual manera pueden comunicarse directamente con Bechstein.

narrowkeys@bechstein.de

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